lunes, 14 de noviembre de 2011

ÚTERO, SALUD Y PLENITUD: entrevista a la divulgadora Mónica Felipe-Larralde

fuente: elblogalternativo


“Para la medicina oriental, más concretamente para el taoismo, el útero es el primer motor energético del cuerpo de la mujer. La diferencia radica en que dan mucha importancia a su correcto funcionamiento y lo relacionan directamente con el corazón y los riñones y con el balance correcto de hormonas (…) O sea, un órgano fundamental para el correcto funcionamiento del resto de las funciones corporales. Pero además se sabe que el útero está involucrado en el placer sexual y en el orgasmo de la mujer”

“La falta de elasticidad provocaría dolor en el trabajo de parto y en las menstruaciones. Yo me pregunto cómo es posible que perteneciendo a la misma especie haya mujeres que paren entre gritos de dolor y otras que lo hacen sintiendo placer y éxtasis”

“Si tienes el útero relajado, tienes la energía y LA VITALIDAD QUE NECESITAS PARA VIVIR COMO QUIERAS. Nos desvitalizamos en el proceso de adaptación a este imagen de niña buena que aún hoy muchas mujeres sostienen. Crecer interiormente significa ser cada día más una misma. Esto es lo que señalan los caminos espirituales, ser cada día más una misma. Ser espiritual es ser cada vez más humana”

“Es posible un mundo en el que cada hombre y mujer mantengan intactos su poder y no se lo den a los otros (a los políticos, médicos, banqueros…), es posible que el Nuevo mundo que llega venga de la mano de la energía femenina y que todos, hombres y mujeres, podamos llegar a equilibrar nuestra existencia de forma que al intelecto le sumemos la compasión (sentir con el otro) y el amor”
Mónica Felipe-Larralde

Explica la ginecóloga Dra Northrup en su obra “Cuerpo de mujer, sabiduría de mujer” que el gran desconocimiento de las funciones del útero por parte de la medicina occidental contribuyó a que la histerectomía fuese una de las primeras opciones en EEUU en las décadas pasadas.

“Prácticamente no se ha estudiado el útero separadamente de su papel en la reproducción, un hecho que refleja los sesgos culturales de fondo de esta sociedad”

“El índice de histerectomías está aumentando con tanta rápidez en EEUU que dentro de unos pocos años el 50% de las mujeres menores de 65 años ya no tendrán útero (ObGyn News 1985). De hecho, en los años 80, alrededor del 60% de las mujeres de 65 años ya tenían extirpado el útero”
Citas de la Dra Northrup

¿Y cómo andamos en el siglo XXI? Sigue existiendo ignorancia sobre la realidad y significado profundo del útero a nivel general y sanitario, pero este órgano esconde grandes dones para las mujeres si tomamos conciencia de él y lo relajamos.

Para hablar de salud, creatividad, potencial, placer, menstruaciones indolorosas, partos gozosos y vidas plenas hemos entrevistado a Mónica Felipe-Larralde, divulgadora del poder del útero en encuentros de mujeres a lo largo y ancho de España y que está logrando que cientos de mujeres se reconcilien consigo mismas y extiendan sus alas.

Y esto es todo lo que como sociedad nos estamos perdiendo…

1. ¿Qué es el útero y para qué sirve según la medicina occidental y nuestra sociedad?

El útero suele describirse por la medicina occidental como un órgano que forma parte del sistema reproductor de la mujer. Es un órgano rodeado de músculos, separado de la vagina por el cerviz y donde se desarrolla el óvulo fecundado. Cada mes, el endometrio, si el óvulo no es fecundado, se descompone y origina la menstruación.

Si buscas en internet información sobre el útero es increíble el número de páginas dedicadas alas enfermedades de este órgano. No es tan fácil encontrar información sobre su función en el orgasmo femenino, por ejemplo.

2. ¿Hay algo más?

Si. Resulta que para la medicina oriental, más concretamente para el taoismo, el útero es el primer motor energético del cuerpo de la mujer. La diferencia radica en que dan mucha importancia a su correcto funcionamiento y lo relacionan directamente con el corazón y los riñones y con el balance correcto de hormonas a través del timo, las glándulas suprarrenales, tiroides, pineal y pituitaria. O sea, un órgano fundamental para el correcto funcionamiento del resto de las funciones corporales. Pero además se sabe que el útero está involucrado en el placer sexual y en el orgasmo de la mujer.

3. ¿Cómo tenemos el útero las mujeres modernas y que implica eso?

Bueno, las mujeres modernas y las no tan modernas… El útero cuyo tejido es muscular puede perder la flexibilidad y convertirse en un útero con tejido isquémico.

La falta de elasticidad provocaría dolor en el trabajo de parto y en las menstruaciones. Yo me pregunto cómo es posible que perteneciendo a la misma especie haya mujeres que paren entre gritos de dolor y otras que lo hacen sintiendo placer y éxtasis.

Los músculos del útero, debilitados y contracturados, provocan dolor en estos procesos femeninos. Mientras que si tuviéramos músculos relajados y fuertes podríamos acceder al placer que en ellos se genera.

Esta situación es la que es porque somos hijas de una sociedad y una CULTURA PATRIARCAL. Con patriarcal no quiero decir que las mujeres hemos estado sometidas a los hombres (que también), sino que hemos crecido en un determinado paradigma.

Una sociedad en la que existe JERARQUÍA (en la que el hombre prevalece sobre la mujer, los adultos sobre los niños, los niños mayores sobre los pequeños) y donde existe la competitividad. Todas hemos sido niñas y nos hemos sentido la última del ultimo escalón de poder. No nos han dejado ser ni expresarnos. Nos hemos educado en la represion sexual y hemos sido niñas buenas.

4. ¿Y cómo podemos cambiar esa situación?

Cuando comencé a reflexionar sobre esto, a raíz de leer el libro de Casilda Rodrigáñez
“La represión del deseo materno y la génesis del estado se sumisión inconsciente”, me di cuenta, por mi historia personal de parto complicado y malestares menstruales, que mi útero debía estar afectado.

La dificultad residía en llegar a tener conciencia de él. Saber que tenía útero, dónde estaba y sentirlo, la verdad, me parecía marciano. Entonces experimenté con una relajación denominadaEntrenamiento autógeno de Schultz, que es una autohipnosis, y para mi sorpresa comencé a experimentar cómo se relajaba ese músculo.

A partir de ahí, ocurrieron muchas más cosas: mayor vitalidad, orgasmos uterinos, más seguridad personal, más creatividad, menstruaciones sin dolor… Nuestro cuerpo es una totalidad y no podemos trabajar en un aspecto sin que esto afecte a otros. Si relajas un músculo tenso es probable que te encuentres con las emociones que produjeron la contracción, con las ideas que la sostenían y con una mayor conciencia.

Podría resumir que, en realidad, se trata de relajar ese músculo, como lo podríamos hacer con un brazo o una pierna, pero las implicaciones son enormes.

5. ¿Existen referentes históricos de mujeres con úteros relajados-flexibles y cómo fueron sus vidas?

Pues yo no conozco ninguna. Pero haberlas, debe de haberlas. Aunque igual estaban tan ocupadas viviendo sus vidas libremente que no se preocuparon en dejar huella para la posteridad.

6. ¿Cuál es la relación entre útero y poder interior, crecimiento?

La palabra “poder” parece que tiene connotaciones esotéricas. A mi me gusta más decir que “tener poder” significa “poder hacer”, decir, expresar o crear aquello que te de la gana. Así de fácil. Ser capaz de ser una misma sin estar preocupada por lo que los demás piensen de nosotras, ni necesitar la aceptación de los demás. O sea, ser libres para Ser, para vivir nuestra existencia como mejor nos parezca.

Contrajimos nuestro útero para ser unas buenas niñas (es decir, sumisas, obedientes, calladas, quietas, peinadas, limpias, asexuadas…) y lo hicimos por una razón natural.

Solo si cerrábamos el caudal de energía o vitalidad que teníamos en nuestro cuerpo, podíamos vivir en la estrechez de vida que nos ofrecía el modelo de niña buena. O dicho de otra manera. Si tienes el útero relajado, tienes la energía y la vitalidad que necesitas para vivir como quieras.Nos desvitalizamos en el proceso de adaptación a este imagen de niña buena que aún hoy muchas mujeres sostienen. Crecer interiormente significa ser cada día más una misma. Esto es lo que señalan los caminos espirituales, ser cada día más una misma. Ser espiritual es ser cada vez más humana.

7. ¿Qué hace una licenciada en derecho divulgando el tema del útero?

Creo que la pregunta sería más bien por qué estudié derecho… porque nunca lo ejercí y siempre supe que no era mi camino. Y sé la respuesta: era una niña buena. Ya no. Y por eso digo y hago lo que me parece importante. No necesito tener títulos sobre este tema (que además nadie me los podría dar).

No nos imaginamos lo ausente que el cuerpo de la mujer está de cualquier disciplina: desde la medicina a los yogas, desde la mística a la filosofía. El cuerpo de la mujer sigue siendo el gran desconocido.

8. ¿Cuál ha sido tu camino?

Siempre me interesó lo que no se veía a simple vista. Siempre me recuerdo de niña intentado averiguar qué se escondía detrás de la forma física, de lo evidente. Trabajé en diferentes medios de comunicación y fui empresaria hasta que nació mi hija.

Ser madre ha sido la gran apertura*. El cambio. La vida se transformó de la noche a la mañana. Dejé mi trabajo y decidí no volver a tener horarios. Quise dedicarme a ella mientras crecía. Me formé como terapeuta transpersonal y anduve olisqueando en el budismo, el hinduismo, el chamanismo, el sufismo y la psicología transpersonal.

Pero siempre me encontraba con lo mismo. Los maestros y los caminos espirituales eran masculinos (hechos por hombres para hombres) y poco o nada sabían de la experiencia vital de ser mujer. Sólo en el tantra y el tao he encontrado referencias a la anatomía femenina específicamente. ¿Cómo voy a aprender a ser mujer de un
hombre? me preguntaba.
Así que al leer a Casilda me di cuenta de dos cosas:

  • Lo que me pasaba a mi, no solo me ocurría a mi, sino que era compartido por la mayoría de las mujeres y tenía su origen en el patriarcado
  • El cuerpo tenía las respuestas a mis interrogantes

9. ¿Qué libros o materiales recomiendas para profundizar sobre le mundo del útero?

Desde luego el trabajo de Casilda Rodrigáñez y también me gustó mucho encontrarme con el libro titulado El Tao de la Mujer de Maitreyi Piontek.

10. ¿Cómo son tus talleres y cuáles son sus beneficios?

En los Encuentros de Mujeres podemos vivir qué significa la hermandad de las mujeres. Es un espacio en el que autoconocerse, escucharse a si misma y a las demás, dejar los juicios fuera y vivir desde la igualdad y el cuidado. No pedimos perdón por lo que somos y no necesitamos la aceptación de las demás, sin embargo la oxitocina, la empatía y el amor están presentes.

Es un taller sanador porque vivenciamos la naturaleza que somos y perdimos. Conectar profundamente con tu esencia y vivir desde ahí es un gran paso. Cuando se termina el encuentro (que es eminentemente práctico), las mujeres comprenden la necesidad de unirse en círculos de crecimiento interior y en casi todas las ciudades se organizan círculos de mujeres periódicos en los que se facilita el despertar de la conciencia.

11. ¿A qué tipo de mujeres se dirigen? ¿Pueden practicar también adolescentes, mujeres vírgenes o en la menopausia?

Cualquier mujer independientemente de la edad o situación pueden asistir. De hecho es posible que en un Encuentro haya adolescentes y mujeres con menopausia, mamas con bebés y mujeres solteras, comadronas, fisioterapeutas, terapeutas, amas de casa, vírgenes, madres de seis hijos… La capacidad de amar, de escucharnos, de acogernos es universal y las mujeres podemos recuperarla. La vida sexual de cada mujer le pertenece a ella y, desde luego, no es obstáculo para asistir al Encuentro.

12. ¿Realizas una gira por España tipo Utero Tour 2011?

Ja, ja, ja… sí. Eso dice mi pareja. Que ando de gira. Y es que se está despertando la conciencia femenina y es importante que este mensaje se transmita. Para 2011, están programados los siguientes Encuentros:

  • durante noviembre en Sevilla (12/11) y Barcelona (26/11)
  • y en diciembre Vitoria (4/12), Préjano (La Rioja) (6/12), San Sebastián (8/12) (No quedan plazas), Lakabe (10/12) y Pamplona (11/12)

13. ¿Cómo sería un mundo con úteros relajados y mujeres conscientes?

Mi experiencia y la de muchas mujeres que están practicando la relajación, es que es posible encontrar libertad interior para ser, hacer y gozar.

Es posible que las mujeres nos reencontremos con el poder interior que tenemos, que nos demos las manos unas a otras para tejer un mundo, no desde la competencia, sino desde el cuidado.

Es posible gozar con nuestro cuerpo más de lo que hemos hecho hasta ahora.

Es posible criar a nuestros hijos desde el amor y el respeto cuando una misma ha encontrado ese amor y respeto en su interior.

Es posible dejar de estar asustada por los errores y expresarnos en la totalidad que somos y en los dones que portamos. Podemos dejar de sentirnos culpables.

Es posible un mundo en el que cada hombre y mujer mantengan intactos su poder y no se lo den a los otros (a los políticos, médicos, banqueros…), es posible que el Nuevo mundo que llega venga de la mano de la energía femenina y que todos, hombres y mujeres, podamos llegar a equilibrar nuestra existencia de forma que al intelecto le sumemos la compasión (sentir con el otro) y el amor.

Yo, al menos, me lo creo… y, de vez en cuando, lo vislumbro.

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Sitio oficial: Estudio sobre el útero

Otra entrevista a Mónica Felipe-Larralde en el blog Amor Maternal

En El Blog Alternativo: Artículos sobre el útero y la menstruación

*Mónica es una de las 15 autoras del libro “Una Nueva Maternidad” del que hemos hablado aquí

viernes, 11 de noviembre de 2011

Si quieres intentar un parto vaginal después de cesárea


Revista AIMS (Asociación para la Mejora en los Servicios de Maternidad), primavera 2002, vol. 14, nº 1

En este artículo, Gina Lowdon y Debbie Chippington Derrick exploran las razones de las bajas tasa actuales de PVDC,s y qué pueden hacer las mujeres para conseguir más puntos a su favor.

Traducción: Vicky Linares – El Parto es Nuestro

La respetadísima “Guía para un cuidado efectivo del embarazo y parto” afirma: “La asistencia a una mujer de parto después de una cesárea previa en el segmento inferior debería diferir muy poco de la de cualquier mujer de parto” (1)

A pesar de la evidencia que apoya la seguridad y conveniencia del PVDC (parto vaginal después de cesárea), las madres que han sufrido una o más cesáreas son llevadas a pensar frecuentemente que el PVDC es una opción arriesgada que bien puede convertirse en peligrosa, especialmente para el bebé. Esta impresión se enfatiza aún más por los “protocolos hospitalarios”, que dictan el “manejo” de la mujer que está de parto tras una cesárea previa. Dichos protocolos varían en contenido y flexibilidad de un hospital a otro y de un especialista a otro. Cada matrona varía también enormemente en cuán estrictamente se adhiere su ejercicio a los protocolos de su unidad.

Los protocolos para el manejo de PVDC,s, o “pruebas de cicatriz”, o “pruebas de parto” (expresiones que algunos hospitales persisten en usar) a menudo incluyen algunos o todos los apartados siguientes:

• No inducción. Es habitual no inducir a las madres PVDC que están cumplidas.

• Ingreso temprano. A menudo se dice a las madres que acudan al hospital en cuanto comience el parto.

• Monitorización electrónica fetal continua.

• Poner un gotero intravenoso o al menos una vía, de forma que se pueda administras un gotero rápidamente si es necesario.

• Limitación de la duración de la primera fase del parto.

• Limitación de la duración de la segunda fase del parto.

A excepción de “no inducción”, no parece que haya evidencia probada que muestre que el uso de dichas medidas sea beneficioso para las madres o los bebés, y hay razones de peso de que para la mayoría de las mujeres y de los bebés dichas restricciones del curso natural del parto van en su detrimento.

Pocas mujeres se enteran de que esos protocolos, que están hechos para guiar la práctica de los profesionales de la maternidad, no son vinculantes legalmente para las mujeres embarazadas, que no tienen obligación de cumplirlas. Además, la mayoría de las mujeres son llevadas a creer que si no se someten y cumplen las “normas” pondrán al bebé en peligro. Muchas mujeres tienen también la impresión de que si no consienten entonces ya no se les proporcionará atención, si surge o cuando surja la necesidad. En realidad se deja a las mujeres sin elección real y con poco control.

Las madres PVDC normalmente se enfrentan a un parto altamente medicalizado, orquestado mediante medidas y una escala de tiempo dispuesta para ellas por el hospital sin consultarles y sin consideración con sus necesidades individuales. Precisamente estas son normalmente las condiciones que causaron que una cesárea previamente evitable se convirtiera en necesaria y también son las condiciones que algunas madres se dan cuenta ahora que necesitan evitar si quieren maximizar sus oportunidades de lograr un parto vaginal.

El mensaje de que las madres PVDC son de “alto riesgo” se está afianzando fuertemente. Según el “National Sentinel Caesarean Report”, en algunas maternidades sólo al 8% de las madres con cesárea se les ofrece una “prueba de parto”. La media nacional de PVDC,s es sólo del 33% y el rango entre maternidades varía del 6 al 64%. (2) Aquellas a quienes se ofrece un PVDC a menudo han experimentado un parto anterior difícil y altamente medicalizado, que no desean repetir. A muchas mujeres las restricciones adicionales impuestas por los protocolos para PVDC de los hospitales les parecen desalentadoras y muy preocupantes. Las madres se preguntan de dónde sacarán la fuerza suficiente, tanto mental como física, para someterse a tal catálogo de intervenciones, pero carecen de la información y el valor necesarios para afrontar el supuesto riesgo de ir en contra del “consejo” de los profesionales sanitarios.

La mayoría de las mujeres preferirían experimentar un parto vaginal sin rodeos, sin intervenciones y apoyado apropiadamente. No obstante, las mujeres quieren lo mejor para sus bebés y sería rarísimo encontrar una mujer que estuviera preparada para ir a por un parto vaginal a cualquier precio. Es una muestra de la fuerza del deseo de tener un parto vaginal el hecho de que muchas mujeres continúan pariendo pese a las condiciones que les son impuestas.

Si una mujer siente que no podrá mantener el control durante el parto, puede que en cambio prefiera optar por un procedimiento quirúrgico que sería más predecible. En el mundo moderno de hoy, las intervenciones de los procedimientos quirúrgicos son a menudo más familiares que los procesos de un parto vaginal. Mucha gente conoce a alguien que ha soportado la cirugía sin encontrarla traumática, aunque no lo hayan pasado ellos. Así, las madres pueden ver la cirugía como una prueba que sienten que serán capaces de soportar. Además, las madres no tienen motivos para creer que los profesionales sanitarios puedan darles algo que no sea la mejor información y cuidados. Pocas mujeres son conscientes de que si se les da información suficiente, serán capaces de tomar sus propias decisiones sobre qué medidas son apropiadas y aceptables, y cuáles no son ni útiles ni beneficiosas, y así lograr mantener un grado de control con el que sentirse cómodas.

Las mujeres informadas normalmente son capaces de parir con confianza en sí mismas si son libres para hacerlo a su manera, y podrán tanto lograr un buen parto vaginal, como cambiar a una cesárea antes de que el parto haya degenerado en una prueba de resistencia horrendamente desagradable.

Inducción

Algunos especialistas continúan induciendo a las madres con cicatrices en el útero a pesar de los riesgos añadidos. El uso de los óvulos de gel de prostaglandinas se generalizó a finales de los años 80 y están creciendo los temores sobre el efecto que podrían estar teniendo en el tejido cicatrizal del útero de mujeres susceptibles. En artículos anteriores de esta Revista (ver Revista AIMS, otoño 2001) se ha tratado sobre la importante preocupación relativa al uso de misoprostol en particular y óvulos de gel de prostaglandina en general. Realmente ahora hay evidencia suficiente para sugerir que la inducción rutinaria de madres PVDC debería evitarse y que cuando sea necesaria debería realizarse con gran cuidado.

Las madres que tienen embarazos prolongados se encuentran, por tanto, en una posición difícil y a menudo bajo presión para aceptar una cesárea electiva. Se les cuentan historias de terror de placentas que fallan a las 42 semanas, y de bebés que crecen tanto que el esfuerzo en la cicatriz va a producir una rotura segura.

Aunque existe evidencia de que reducir el número de mujeres que alcanzan la semana 42 de gestación sí mejora los resultados, los riesgos que entraña un embarazo prolongado son muy pequeños. La FPP puede variar también en varios días dependiendo del método usado para calcularla.

No hay evidencia que respalde el miedo a que los bebés grandes pueden producir con más probabilidad una rotura uterina, y de hecho muchos embarazos gemelares acaban en PVDC,s. Algunas madres PVDC han parido bebés sanos y muy grandes, algunos de los cuales han venido tras hermanos mucho más pequeños nacidos por cesárea. La no progresión o sufrimiento fetal raramente se deben a una pelvis pequeña o a la incapacidad de parir de una madre; es más probable que la causa sea la falta de apoyo y un parto sobre-medicalizado.

Menos consideración, si es que se le da alguna, se da al caso de la madre que ha tenido un embarazo sano, que quizás tiene un ciclo menstrual largo, las muchas que quizá han concebido más tarde en su ciclo, la que en su historia familiar tienden a embarazos largos, que puede estar destinada por naturaleza a tener un embarazo largo, y cuyo bebé está activo y sano y simplemente no está listo para nacer aún.

Si partimos de que la madre tiene la seguridad de que su bebé está bien, puede preferir evitar los riesgos de una inducción o una cesárea electiva, prefiriendo en su lugar dejar que la naturaleza siga su curso sin interferencias. No debería corresponder a la madre el rechazar las intervenciones médicas rutinarias, sino que correspondería a los profesionales sanitarios el convencer a cada madre individualmente sobre si cualquier intervención es necesaria o ventajosa en su caso particular.

Ingreso temprano

A menudo se aconseja a las madres PVDC acudir al hospital en cuanto comienza el trabajo de parto. Siendo el fundamento de tal consejo que la cicatriz uterina podría romperse, lo que deja a algunas madres aterrorizadas ante la primera contracción.

La probabilidad de rotura de la cicatriz uterina más citada es del 0,5% o de una por cada 200 PVDC, la inmensa mayoría de las cuales son benignas (sin causar problemas ni a la madre ni al bebé). Las complicaciones serias de la rotura de la cicatriz uterina son muy escasas.

Todos los embarazos conllevan riesgos y durante el parto de cualquier mujer podrían surgir problemas serios y potencialmente mortales. Por ejemplo, el prolapso del cordón umbilical tiene una incidencia del 1%, (3) el doble que la rotura uterina, y aun así a este peligro potencial no se le menciona continuamente con el mismo grado de énfasis que se le da al riesgo menor de una rotura uterina seria. De hecho, muchas mujeres embarazadas pasan un embarazo entero sin que se lo mencionen una sola vez. Parece injusto que se incida en el pequeño riesgo adicional de la cicatriz uterina como una táctica especial para asustar, y uno debe preguntarse la razón de esto.

Una madre que no teme por el bienestar inmediato de su bebé puede preferir pasar en casa la fase temprana del trabajo de parto, esperando a que el parto esté bien establecido y sienta que es el momento adecuado para acudir al hospital.

En contra de lo que muchos piensan, el parto domiciliario es una opción para las madres PVDC y hay muchas mujeres que han ejercido este derecho tras dos o más cesáreas. De hecho hay grandes razones para creer que dar a luz en casa puede ser más seguro que un parto hospitalario ya que habrá más probabilidades de que se deje al parto seguir su curso natural y se evitan los riesgos asociados a diversas intervenciones rutinarias en los nacimientos.

Monitorización Fetal Electrónica (MFE) Continua

Muy frecuentemente se informa a las mujeres de que será necesaria la monitorización fetal electrónica continua si hay antecedentes de cesárea. Numerosos estudios han mostrado que la monitorización fetal, mientras que aumenta la probabilidad de cesárea, no mejora los resultados para las madres o los bebés. Suponiendo que no haya signos de nada en contra, las madres PVDC no deberían necesitar ninguna monitorización fetal por encima de la que es apropiada normalmente para todas las madres.

La separación de la cicatriz con graves consecuencias es un hecho poco común y consecuentemente se sabe muy poco de los posibles signos de aviso. Algunos profesionales son de la opinión de que la monitorización del pulso materno proporcionaría la indicación más temprana de problemas potenciales.

La ley obliga a los profesionales médicos a recabar el consentimiento de un paciente antes de que se le administre cualquier tipo de tratamiento o cuidado. A menudo, especialmente cuando se usan procedimientos de “rutina” durante el parto y nacimiento, el consentimiento tiende a darse por hecho más que pedirlo, dejando la responsabilidad de rechazarlos a la madre.

Por difícil que parezca, las madres tienen derecho a rechazar el tratamiento que se les ofrezca. De hecho, correspondería al personal sanitario asegurarse de que se ha obtenido el consentimiento informado, lo cual significaría que se han explicado los posibles efectos secundarios y/o riesgos de cualquier tratamiento. El tratamiento apropiado no puede ser ni denegado ni retirado, por lo que si a los pocos minutos o al cabo de un rato una madre cambia de opinión o decide que las circunstancias merecen la intervención propuesta, entonces el tratamiento puede continuar en ese momento.

Esto se aplica a todas las formas de tratamiento y cuidados, incluyendo todas las intervenciones habituales en los nacimientos, tales como inducción, monitorización fetal, exámenes vaginales, aceleración del parto, o el uso de fórceps o ventosa. Las madres tienen derecho a decir “no, gracias”.

Cualquier tratamiento o cuidado dado tras la negativa clara de la madre o de hecho dado sin el consentimiento de la madre, constituiría una agresión y el profesional sanitario involucrado podría ser susceptible de acciones legales por parte de la madre.

ADMINISTRAR GOTEO INTRAVENOSO

Algunos protocolos hospitalarios para la atención a los PVDC,s incluyen poner una vía intravenosa, son gotero o heparinizada, por si ocurre una emergencia. El riesgo de tal emergencia es muy pequeño; sólo un poco mayor que el de cualquier mujer de parto. En la gran mayoría de casos, si fuera necesario no sería difícil tomar una vía rápidamente. Entonces las madres pueden desear llegar a sus propias conclusiones sobre si esto podría ser de ayuda en su caso.

LIMITACIÓN DE LA DURACIÓN DE LA PRIMERA FASE DEL PARTO

Es habitual poner limitaciones a la duración de la primera fase del parto. El temor es que un trabajo de parto prolongado suponga un esfuerzo indebido para la cicatriz uterina y aumente el riesgo de rotura. No hay evidencia científica que apoye esta teoría. El tiempo que los hospitales “permiten” a las madres estar de parto varía enormemente, demostrando que las opiniones son muy dispares en esta materia.

Cuando se combina con un protocolo de ingreso temprano, las madres PVDC están abocadas al fracaso, ya que la duración del parto se confunde habitualmente con el tiempo que se pasa en el paritorio.

Partiendo de un parto espontáneo y que avanza a su propio ritmo, no hay razón para suponer que las cicatrices quirúrgicas modernas no van a soportar un trabajo de parto normal. De hecho hay casos en los que el parto se ha prolongado durante varios días, acabando en el exitoso nacimiento vaginal de un bebé sano desde un útero intacto. Si se deja a la naturaleza seguir su curso, los partos más largos tienden a desarrollarse más suavemente y no presentan problemas per se.

Cuando una madre está pariendo bien y el bebé no muestra signos de sufrimiento parece un sinsentido trasladar a la madre a quirófano para una operación de urgencia, simplemente porque ha expirado un plazo de tiempo arbitrario. Las condiciones de la madre y el bebé deberían ser los primeros indicadores de si se puede permitir que un parto continúe de manera segura, no el número de horas que cuenta el reloj.

Como se ha explicado anteriormente, no se puede aplicar ningún tipo de tratamiento o cuidado sin el consentimiento de la madre, incluyendo la cesárea. No obstante, hace falta valor para rechazarlo cuando se ha sembrado en la mente de la madre el miedo a que su útero podría romperse y su bebé podría morir en cualquier momento, por remota que pueda ser esta catástrofe en realidad. La madre necesita saber que la evidencia científica avala lo que su propio instinto le dice que, realmente, no está en peligro en ese momento.

LIMITACIÓN DE LA DURACIÓN DE LA SEGUNDA FASE DEL PARTO

También habitualmente se ponen limitaciones a la duración de la segunda fase del parto. Tampoco aquí hay consenso y los límites varían de un hospital a otro. Algunos son tan cortos que muy pocas madres son capaces de “cumplirlos adecuadamente”.

Un gran porcentaje de PVDC,s que acaban en parto vaginal, son “aliviados” con fórceps o ventosa. Los profesionales médicos frecuentemente están tan agobiados por lo que ellos ven como los peligros potenciales de un PVDC, que muchos no tienen la suficiente confianza como para dejar a la madre parir a su propio ritmo. Quieren que el parto acabe lo antes posible, para llegar al punto en el que el fantasma percibido haya pasado.

La fase de transición, que puede preceder a los pujos activos de la segunda fase del parto y puede durar algún tiempo, es a menudo totalmente olvidada y se asume que ha habido expulsivo activo desde que se alcanzan los 10cm de dilatación, cuando en realidad no ha comenzado la fase de expulsión activa. Esto puede crear preocupación sobre la duración o falta de progreso de la segunda fase.

Los límites restrictivos de la duración del expulsivo aumentan también el riesgo de que la madre y el bebé sean sometidos a un parto instrumental, o que se la fuerce a empujar sin la ayuda de las contracciones uterinas, normalmente en una posición en que la gravedad no ayuda.

Para muchas mujeres la perspectiva de un parto con fórceps o ventosa, a menudo junto con una gran episiotomía, es aterradora. Otra cesárea se vería entonces como el menor de dos males.

Claro que una mujer tiene derecho a negarse. Puede preferir pujar algo más, o rechazar la oferta de fórceps o ventosa inclinándose por una cesárea. No tiene por qué aceptar lo que se le ofrece. Si una madre rechaza los fórceps y/o ventosa y se considera necesario un parto rápido entonces se deberá ofrecer la cesárea; y la decisión y el control serán cosa de la madre, no del personal médico.

No obstante, si la única razón a tener en cuenta para necesitar un parto rápido es que se acaba la arena del reloj, y la madre y el bebé se encuentran bien, hay muy poca justificación para arreglar lo que no está roto.

Demasiado a menudo se ignoran las necesidades de las mujeres y se les deniega el control. Otras opciones permanecen ocultas, o se presentan como poco seguras o inaceptables. Frecuentemente se fuerza a las mujeres a seguir los consejos de los profesionales sanitarios contra su propio criterio, en la a menudo errónea creencia de que es la única salida segura o razonable.

Armadas con información veraz, basada en la evidencia científica, las madres PVDC son capaces de tomar las riendas de parir a sus propios bebés. Incluso cuando los acontecimientos no se desarrollan de la forma esperada, si la madre es capaz de mantener el control de la situación y está involucrada en la toma de todas las decisiones, normalmente acabará sintiéndose fuerte y segura de sí misma. Esto contrasta enormemente con las mujeres frecuentemente traumatizadas que surgen de las intervenciones cometidas contra ellas por un sistema de protocolos rígidos.

Parir sin intervenciones requiere de coraje e información suficiente que permita a la madre creer en si misma y en sus instintos. Las madres PVDC pueden parir y paren bebés sanos de forma segura sin excesiva dificultad y sin trauma; y la probabilidad de conseguirlo es mucho mayor si la mujer puede parir a su manera y no a la que marca el hospital.

Referencias

1. A Guide to Effective Care in Pregnancy and Childbirth, Second Edition, Murray Enkin, Marc JNC Keirse, Mary Renfrew, and James Neilson, Oxford University Press, 1996, p293

2. The National Sentinel Caesarean Section Audit Report, RCOG Clinical Effectiveness Support Unit, October 2001, p45

3. Birth After Cesarean, The Medical Facts, Bruce L Flamm, MD, Simon & Schuster, 1990, p105

martes, 8 de noviembre de 2011

domingo, 6 de noviembre de 2011

La silla de parto

de: El internauta de León

La silla de parto era la silla en forma de herradura sobre la que se sentaba la mujer en trance de dar a luz.
Los griegos empleaban ocasionalmente una cama o sofá especiales para tales menesteres, no obstante el empleo de la silla obstétrica continuo siendo una costumbre muy extendida hasta el siglo XVII, e incluso en pleno siglo XIX era de uso frecuente.

Dice la historia que el primer comadrón o partero de verdad fue Pablo de Egina (652-690), que ejerció en Egipto y Asia Menor y llegó a ser considerado como un oráculo en cuestiones atinentes a la reproducción humana.
Este Pablo de Egina tuvo métodos originales: recomendaba que el parto en las mujeres obesas se atendiera acostándolas sobre su abdomen, las piernas levantadas hacia atrás. Puesto que Sorano de Efeso, que existió a principios del siglo segundo de nuestra era, se ocupó en uno de sus libros que la "silla obstétrica", podemos deducir que le parto se sucedía en aquellos calendas estando la mujer en posición sentada.

A día de hoy aún hay quien defiende esta posición como idónea para el parto, sobretodo los defensores del parto natural, según la wikipedia en las posiciones verticales (de pie y cuclillas) se producen menos episiotomías, aunque esto se encuentra contrarrestado, en parte, por un aumento de los desgarros perineales de segundo grado, así como de laceraciones y desgarros labiales. Asimismo, se producen escasos desgarros de tercer grado, y de los que aparecen, existe una incidencia siete veces mayor en posiciones verticales sin apoyo (cuclillas, rodillas o de pie) que en las verticales con apoyo (taburete o silla de partos).

François Mauriceau fue quien impuso la cama de parto y exigió que se abandonara la silla obstétrica. El 19 de Diciembre 1778 la reina María Antonieta dio a luz en su lecho a Maria Teresa y la silla obstétrica fue perdiendo su favor.

Los intentos de los médicos encaminados a ejercer la obstetricia tropezaron siempre con nula oposición. Excepto entre la realeza , el médico tropezaba siempre con la gazmoñería, que a veces alcanzaba grados inauditos. Como muestra este grabado de 1681 (pinchar para ver ampliado), que aparece en la obra del médico holandés Samuel Janson, en ocasiones se le obligaba al médico a sujetar uno de los extremos de la sábana a su cuello, mientras el otro extremo se sujetaba al cuello de la paciente; con ello quedaba perfectamente libre el camino para los ojos del médico, pero por encima de la sábana, mientras que manipulaba a tientas por debajo. Tenía que hacer sus operaciones a ciegas, sólo a cambio de ahorrarle muchos rubores a la enferma. Todavía a finales de los años cuarenta del siglo XIX, el inglés John Stevens de la sociedad para la supresión del vicio, denunciaba y exponía en sus impresos los peligros e inmoralidad de emplear hombres en obstetricia.


En esta representación puede observarse el trabajo de la comadrona "a ciegas", hurgando entre las ropas de la parturienta.

En Egipto también se hallaron sillas de parto fabricadas en piedra y madera.

Actualmente, el parto se asiste con protocolos médicos como si de una enfermedad se tratase; no se tiene en cuenta a la mujer ni al progreso de su parto porque lo importante es ganar tiempo.
En la silla obstétrica, en cuclillas, en decúbito lateral izquierdo y en cuadrupedia se respeta la libertad de la pelvis y la gravedad favorece el descenso del bebe. No precisan instrumentalización alguna y la episiotomía seria prescindible si no existe riesgo para la vida de la madre o el bebe.

Sería recomendable recuperar la silla obstétrica, con brazos y respaldo para sujetarse la mujer, pero hueca por debajo para dejar salir al niño. Hoy en día puede dar luz en su hogar y, si hay un problema, se evacúa inmediatamente. dijo José Carro Otero (profesor de Medicina).

Fuente Libro: Haggard, H. W. : Diablos, drogas y doctores

viernes, 4 de noviembre de 2011

Aprendemos Todos!!

Os dejamos un precioso video lleno de razón, amor, sensibilidad y mucha VERDAD

Sería bueno tenerlo como melodía para despertar cada mañana.

martes, 1 de noviembre de 2011

Michel Odent: “Más que humanizar el parto, hay que mamiferizarlo”

Michel Odent, prestigioso ginecólogo francés, pionero en la promoción del parto fisiológico y precursor hace tres décadas de las bañeras de dilatación, ha hablado con Ser Padres sobre la importancia de lograr partos menos medicalizados y mucho más naturales, o como él los llama, más cercanos a los de todos los demás mamíferos, más “mamiferizados”.

P: CUANDO HABLA DE LA IMPORTANCIA DEL AMOR EN EL PARTO, ¿A QUÉ SE REFIERE?

R: El amor ya no es tema exclusivo de poetas, filósofos o novelistas. Hoy lo estudian científicos de muy diversas disciplinas y han llegado a una conclusión: la importancia que tiene todo lo que sucede en el inicio de la vida para desarrollar la capacidad de amar. Es fundamental no perturbar demasiado el parto para que madre e hijo puedan desarrollar ese amor.

P: ¿NO PERTURBAR EL PARTO SIGNIFICA NO MEDICALIZARLO Y HUMANIZARLO MÁS?

R: Más que humanizar, yo hablaría de “mamiferizar”. Para que un parto sea fácil, hay que redescubrir las necesidades básicas que compartimos con todos los mamíferos. Y todas las hembras, para segregar oxitocina, esa hormona del amor que hasta hace poco se necesitaba liberar para poder dar a luz, necesitan sentirse seguras y que su nivel de adrenalina sea muy bajo. En la selva, si una hembra está a punto de dar a luz y se da cuenta de que tiene un depredador cerca, segregará adrenalina para poder defenderse y retrasará el parto para cuando se sienta más segura. Los mamíferos necesitan sentirse seguros y no observados para dar a luz.

P: ¿UN PARTO CON MÉDICOS, OXITOCINA SINTÉTICA, EPIDURAL, CESÁREA… NO ES MÁS FÁCIL?

R: No, la epidural es un medicamento que sustituye a las endorfinas, lo mismo que la oxitocina sintética sustituye a la natural. Todos estos medicamentos hacen el papel de las hormonas que las mujeres no pueden segregar porque no se encuentran en un entorno adecuado. Hoy en día no solo no las pueden liberar las parturientas que dan a luz por cesárea, también muchas de las que tienen un parto vaginal, al usar sustitutos farmacológicos de estas hormonas del amor. El problema es que estos sustitutos no producen efectos sobre el comportamiento y alteran el curso natural del nacimiento, un momento crítico en el proceso del desarrollo de la capacidad de amar.

P: ENTONCES, ¿CUÁL ES EL MEJOR ENTORNO?

R: Después de llevar más de medio siglo participando en nacimientos, puedo resumir mi aprendizaje en pocas palabras: un parto será más fácil y rápido cuanto más sola esté la mujer. Solo necesita una comadrona que tenga experiencia y una actitud maternal y que se mantenga en silencio. Es el mejor entorno para liberar la oxitocina, que es una hormona tímida y no aparece si hay muchos espectadores.

Fuente/ Ser Padres