lunes, 25 de marzo de 2013

Donde vives determina cómo pares


El primer hijo de Nuria Martínez, que ahora tiene 38 años, nació por cesárea. La segunda, también. Una intervención “innecesaria”, recuerda, que le indicaron únicamente porque había tenido otra previamente, y “muy traumática”, que la dejó tocada tres años. Así que cuando volvió a quedarse embarazada y en su hospital, en Valladolid, le dejaron claro que allí no iba a poder tener un parto natural, decidió recorrer los más de 300 kilómetros que separan su casa del hospital de Cruces, en Bilbao. “Allí me dijeron que, a la mínima complicación, me llevaban al quirófano, y estuve de acuerdo”. Pero no la hubo, y Nuria pudo dar a luz de manera natural. “Por primera vez una matrona me preguntó cómo quería parir. Y era mi tercer hijo”, recuerda.
Uno de cada cuatro niños nace en España por cesárea. Hay grandes diferencias entre dar a luz en un hospital privado (36,8% de cesáreas) o en uno público (21,8%), pero una cosa queda clara: tanto en la privada como en la pública superan, y con creces, las recomendaciones sobre cesáreas que establece la Organización Mundial de la Salud (OMS), que considera que por encima del 15% no están justificadas. Los últimos datos oficiales (de 2011) muestran además que la supuesta equidad del Sistema Nacional de Salud no es tal. Una mujer tiene el doble de probabilidades de dar a luz mediante esta intervención en un hospital público según la comunidad donde resida. La enorme disparidad se evidencia en el caso del País Vasco (12,6% de cesáreas) y Extremadura (27,7%). Los expertos coinciden en que la ausencia de protocolos comunes impulsados por las administraciones autonómicas que pauten y unifiquen la atención, y las diferencias de recursos humanos y materiales entre unas zonas y otras, ahondan las desigualdades de esta práctica, considerada un indicador clave de la calidad del sistema sanitario: cuanto menor es la tasa de cesáreas, mejor.
Uno de cada cuatro niños llega al mundo con este tipo de intervención
Isabel Espiga, jefa de servicio del Observatorio de Salud de las Mujeres del Ministerio de Sanidad, reconoce que las cifras de España son más altas que lo que aconseja la OMS, aunque incide en que se está mejorando. “En 2011 disminuyeron [dos puntos desde 2006], pero también bajaron los nacimientos”, explica. Por eso, Espiga no habla de lograr que estas cifran bajen sino de “adecuar” esta intervención “a lo necesario”. “Todas las cesáreas necesarias hay que hacerlas”, asegura. Espiga recuerda que estas intervenciones son cada vez más seguras, pero que no están exentas de peligro. “Es una intervención de cirugía mayor con tasas de morbilidad y mortalidad mayores que un parto. Además, tiene secuelas para madre e hijo: lleva un proceso postoperatorio peor y dificulta la lactancia; y privar a una criatura de la leche de su madre es llevarla a una situación de mayor vulnerabilidad. La lactancia es imprescindible en el éxito de un parto”, insiste.
Algunos hospitales y autonomías llevan años estudiando cómo mejorar su atención. El jefe de servicio de Ginecología y Obstetricia del hospital de Cruces, Txanton Martínez-Astorquiza, resume cómo lo ha conseguido su centro: “Somos muy estrictos en el cumplimiento de los protocolos de la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO)”. Un ejemplo son los partos de nalgas. “Aquí estamos a favor de que estas mujeres tengan un parto vaginal, pero en la mayoría de sitios no es así”. El bebé está colocado de nalgas en entre un 4% y un 5% de los partos. En Cruces usan una técnica para darles la vuelta a todos. Lo consiguen en la mitad de los casos, y aunque no dé resultado, se intenta el parto vaginal, explica.
Otro caso es el de las mujeres que ya han tenido hijos mediante esta intervención. En contra de la creencia popular, y de la práctica de muchos médicos, “está demostrado que es seguro intentar un parto vaginal después de una cesárea previa”, explica el obstetra de Cruces. Los partos inducidos, los provocados, incrementan también el riesgo de cesárea. Finalmente, si el profesional cree que durante el parto hay sufrimiento fetal suele apostar por practicarla. En este hospital confirman esa pérdida de bienestar con un análisis de ph sanguíneo.
Pero no en todos los centros aplican criterios similares. “Hay diferencias entre los hospitales, y dentro de los hospitales entre los propios equipos hospitalarios”, remarca Isabel Espiga. Todo influye. En el informe Variabilidad entre hospitales en las tasas de cesárea en partos de bajo de riesgo, con datos de Valencia, se detectó que el hospital con más intervenciones (41,2%) era también el más pequeño, que había enviado todos los partos complejos a otro centro. “Por aquí suele venir buena parte del exceso de cesáreas. Hospitales pequeños, con plantillas cortas, que para organizarse necesitan programar los partos. Es el mismo problema que en la privada, donde los ginecólogos tienen que organizar su actividad pública, privada, vacaciones, etcétera y, para ello, el parto ha de ser programable. En la privada contribuye también que una cesárea se paga mucho más que un parto”, explica el autor, Salvador Peiró, investigador del Centro Superior de Investigación en Salud Pública de Valencia.
La diferencia de recursos y la falta de protocolos separan las regiones
Ana Pilar Betrán, del departamento de Investigación y Salud Reproductiva de la OMS, coincide en apuntar que hay otros factores al margen de las indicaciones médicas que influyen en las desigualdades. “Es un tema complejo y multifactorial. Intervienen desde cuestiones logísticas hasta los cambios y la evolución en las características de las mujeres. En los últimos 30 años ha aumentado la tasa de obesidad, de diabetes, de la edad de maternidad y con ella la de embarazos múltiples; factores que han podido llevar a un aumento de las cesáreas”, dice. Y añade que en la decisión intervienen también factores médico-legales. “Actualmente, tener el parto perfecto y el bebé perfecto no es una opción, es una obligación. Muchos profesionales sienten que no pueden correr el riesgo de tener el mínimo problema en el parto porque podrían verse envueltos en un proceso judicial”, abunda.
“La medicina ha cambiado”, reconoce el ginecólogo de Cruces, que además preside la sección de Medicina Perinatal de la SEGO. “Cada vez hay más juicios y pagos de indemnizaciones, y los médicos se protegen, se autodefienden y hacen más cesáreas”. Es lo que se denomina medicina defensiva. El especialista insiste en que no hay que culpar a los profesionales o a los hospitales que hacen más cesáreas. “No en todas partes hay la misma dotación de personal, tecnología o medios para tomar decisiones con precisión. Hay estudios que muestran que solo con poder preguntar a otro médico disminuyen las tasas”.
Es una operación de cirugía mayor con riesgos para la madre y el niño
“En la soledad del quirófano, a las tres de la mañana, hay profesionales que, a la mínima duda, deciden hacer una cesárea. No hacen más que evitar un riesgo”, señala Javier Martínez Salmeán, jefe de ginecología del hospital Severo Ochoa de Leganés (Madrid). Este médico cree que siempre hay un importante margen de mejora. Para ello, en su equipo revisan los casos y debaten sobre ellos. “Los hospitales que empiezan a preguntarse por qué hacen tantas cesáreas, bajan las tasas”, dice también Martínez-Astorquiza.
En 2007, el Ministerio de Sanidad puso en marcha la Estrategia de atención al parto normal, un documento con indicaciones para lograr un parto respetuoso con el proceso fisiológico y lo menos instrumentalizado posible, en el que desaconseja prácticas como administrar oxitocina por defecto durante la dilatación o practicar, por rutina, una episiotomía (corte en el periné para ampliar la apertura vaginal). “Si se cumplen las recomendaciones de la estrategia, las cifras de cesáreas mejoran”, asegura Espiga, coordinadora institucional de este plan. Además, Sanidad ha identificado un modelo de buenas prácticas, el del hospital de Manacor (Mallorca), para tratar de exportarlo a otros centros. El modelo se basa en adaptar un protocolo consensuado, evaluar el trabajo, formar continuamente a los profesionales, debatir sobre los casos para subsanar deficiencias y publicar y definir resultados.
Los nacimientos naturales cuestan la mitad que con este procedimiento
En tiempo de crisis, las recomendaciones del ministerio y de las sociedades científicas para frenar las cesáreas innecesarias pueden verse respaldadas por otro factor: el económico. Un parto por cesárea cuesta casi el doble que uno natural: alrededor de 2.700 euros en el primer caso y unos 1.400 en el segundo, si no hay complicaciones. Extremadura anunció esta semana que una de las 75 medidas sanitarias que pondrá en marcha pensando en la “sostenibilidad” del sistema consiste precisamente en fomentar el parto normal. “Tenemos una cifra de cesáreas desorbitada y queremos atajarla” reconoce el director del Servicio Extremeño de Salud, Joaquín García.
Entre los factores que explican por qué su autonomía realiza tantas intervenciones cita un “cambio generacional” en los ginecólogos. “Los jóvenes son menos propensos al natural que los de otra generación, con más experiencia”, señala. Algo que coincide con el hecho de que haya aumentado la “judicialización de la medicina” y que “nadie se complique la vida”. Además, está el “bombardeo mediático de que la cesárea es lo mismo o incluso mejor” que el parto natural. Extremadura es, además, una región extensa, con hospitales comarcales alejados de las ciudades. Y, sobre todo, está la falta de un protocolo común. Existen estrategias de parto normal, pero “no se les ha dado el impulso necesario”, admite.
Sanidad precisa que no se trata de bajar estadísticas, sino de hacer las necesarias
Tampoco Madrid, con una tasa de cesáreas del 21,6%, tiene aún un protocolo común para todos sus hospitales. “Trabajamos en esa línea”, asegura la directora general de Atención al Paciente, Elena Juárez. “Todos aspiramos al 15%”, añade. Hace un año se presentó el plan estratégico de ginecología y obstetricia, basado en las recomendaciones de la SEGO. Entre las medidas destaca la “formación de los profesionales”, explica Juárez. Y también de las usuarias. “He tenido quejas de mujeres en hospitales públicos que aseguraban que querían una cesárea y no se la hacían”, señala.
Una de las autonomías que más ha mejorado sus cifras es Asturias. Ha pasado de más de un 22% de cesáreas sobre el porcentaje total de partos a un 17%. “Y tenemos aún algunas cosas que mejorar”, dice Julio Bruno, director general de Salud Pública del Principado. Además de adoptar la Estrategia de Sanidad, esta región hizo en 2009 un trabajo de revisión de prácticas obstétricas. A partir de ahí, elaboraron protocolos, guías de práctica clínica y crearon comités de parto que valoran los procedimientos de los hospitales y áreas. “También influye una buena captación de la embarazada, tratamos de trabajar para orientar un buen desenlace”, apunta Bruno. “Hubo una época en toda España en la que se instrumentalizó tanto el parto que parecía un acto en serie. No podemos ir por esa deriva”, reclama.
“El parto parecía un acto en serie, de tan instrumentalizado”, dice un experto
“La teoría dista mucho de la práctica. Las recomendaciones de la OMS y del Ministerio de Sanidad siguen sin verse reflejadas en la realidad del día a día de los paritorios españoles. Eso significa que hay miles de mujeres en España pagando con sus cuerpos el intervencionismo excesivo”, asegura Adela Recio, presidenta de la asociación El parto es nuestro. Además de las diferencias por comunidades, menciona la “la fuerte e injustificada variabilidad con la que se dispone de las cesáreas en los diferentes centros hospitalarios. En una misma comunidad autónoma, la valenciana, podemos encontrar un hospital con un 15% de cesáreas y otro con un 70%”. Y apunta a otro problema: “Al tiempo que las cesáreas se han estancado, los partos instrumentales han comenzado a elevarse. Esto es algo que nos preocupa mucho, ya que un parto instrumental no está exento de riesgos y se está abusando cada vez más de ellos”, asegura. “También aumentan las inducciones, otra de nuestras grandes preocupaciones”, añade. En cambio, las episiotomías han bajado a la mitad en 10 años.
Los expertos reiteran que no se trata de atacar esta práctica, que salva vidas, sino de reducir el número de cesáreas que se practican sin criterios clínicos, sino más bien organizativos o de otro tipo. Es cuestión de escuchar a la mujer y valorar cada caso. Las cifras han mejorado, pero las desigualdades persisten. Las mujeres, sin embargo, están cada vez más informadas: “Hay mayor concienciación de que el parto natural puede ser un momento sin sufrimiento”, dice Espiga.

Una nueva cifra de referencia

Ana Pilar Betrán, investigadora en salud materno perinatal de la OMS explica que la tasa del 15% que se maneja como la máxima adecuada y que procede de esta organización, no es en realidad una recomendación “estrictamente oficial”. “Es cifra salió de una reunión técnica en 1985 y se publicó en la revista The Lancet. Se ha tomado como referencia desde entonces, pero las recomendaciones de la OMS pasan un proceso más estricto de revisiones”, dice. Oficial u oficiosa, lo cierto es que esa indicación de la OMS es la que sirve como referencia a la mayoría de los países desarrollados para saber si están practicando demasiadas cesáreas innecesarias: aquellas cuya práctica no aporta ningún beneficio ni a la madre ni al bebé.
Esta organización está ahora revisando esa cifra para adecuarla a la evidencia científica. Y probablemente no haya una única cifra, sino varias. “Se va a intentar hacer una recomendación mucho más útil, adaptada a la epidemiología, que tenga en cuenta factores como la diferencia entre países, entorno rural o urbano, y que refleje las diferencias entre la población obstétrica”, señala. Los factores culturales también influyen: Japón tiene tasa baja de cesáreas, pero también de donación de órganos; en Brasil, en cambio, el porcentaje es muy elevado.
Los expertos hablan de un aumento de cesáreas a la carta en algunos países. La unidad docente de matronas del hospital de La Paz y la asociación de matronas de Madrid advirtieron hace unas semanas de la “alarmante” cifra de “cesáreas electivas” que se realiza a algunas famosas, personas que crean tendencia —mencionaban el caso de Shakira—. Estas organizaciones insistían en que la tasa de mortalidad de esta intervención es seis veces mayor que en el parto vaginal y que, además, puede provocar secuelas. La experta de la OMS también es consciente de esa realidad, cada vez más frecuente, pero prefiere no hacer juicios de valor. “En un mundo en el que uno de los factores de aumento del número de cesáreas es que la mujer lo pide, habría que plantearse por qué. Igual hay una carencia que puede remediarse”, dice.

jueves, 21 de marzo de 2013

martes, 12 de febrero de 2013

Embarazo y Parto; algunas ideas sueltas.

 
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Imagen compartida por Estrella Namaste
El primer lugar en el que vive un niño es en el pensamiento de la mujer que lo sueña.

Antes de materializarse a la existencia, un bebé vive en el anhelo de su madre.

No todas las mujeres sueñan con tener hijos, pero aquellas que si sueñan, lo hacen desde muy temprano.

Cuando una mujer se descubre embarazada se activa en ella un bagaje de información ancestral, que le permitirá profundizar su iniciación, independientemente de qué creencias sostenga.

Como se ha dicho siempre, eres lo que comes. Esto es más cierto en el embarazo que en cualquier otro momento de la vida, Durante el embarazo come comida fresca, de todos los colores, en estación y  si es posible orgánica. 

Tu bebé se formará con lo que hay en ti, asegúrate en cuidar no sólo la alimentación, sino también los pensamientos y sentimientos.

Mientras estés embarazada, siembra algo. No importa qué siembres, pero si es comestible mejor, El ejercicio creativo con la tierra simbolizará tu capacidad de nutrir tanto como simboliza la vida que ya habita en ti.

Reduce las fuentes de stress, las imágenes violentas, los sonidos perturbadores, a menos que seas un metalero hardcore, abstente de música pesada.

Aumenta el placer. Masajes, baños, mimos. Lo que sea que te guste hacer, mientras sea placentero y sano, hazlo.

En el segundo trimestre puede ser buena idea que revises tu vida, todo lo importante que ocurrió hasta ese momento. Nunca más serás la misma, imprime los aprendizajes y busca resolver lo que quedó abierto antes del parto.

Es probable que lo que no resuelvas salga en algún momento del trabajo de parto.

Contrata una doula.

Libérate de la necesidad de tener el control. Buscar liberar tus ideas preconcebidas de cómo deben ser las cosas. Las cosas nunca suceden tal como las esperamos, mientras menos te afinques y más abierta estés, mejor, literalmente mejor.

Recibe los cambios, Escucha los mensajes de tu cuerpo. Haz caso a lo que tu cuerpo te diga/pida.

Lee e investiga sobre las rutinas obstétricas, sobre las opciones para parir, sobre las opciones para el postparto.  Debes saber lo suficiente como para poder tomar decisiones informadas.

Entrégate!!!

Fuente: www.placentera.com

lunes, 21 de enero de 2013

El Dolor y nosotras.

Si hay algo en común en casi todas las embarazadas que conozco, es el miedo al dolor. No sólo el del parto, sino al dolor en general.
Yo me pregunto si el miedo es el dolor o al sentir. De momento, lo dejo ahí.
Me pongo un rato a ver la tele. Es penoso lo que dan, pero me gusta ver la publicidad. Sí, soy rarita hasta para eso, lo sé. ¿Os habéis parado a pensar en los anuncios que dan? ¿Os habéis fijado en la cantidad de analgésicos que se publicitan? ¿En cómo te venden que el dolor es evitable y que te mediques antes incluso de que aparezca? Yo me quedo perpleja. No porque esté a favor o en contra de la analgesia, sino por la impunidad con que se dicen ciertas cosas en televisión sin valorar el daño que causan. Me explico.
El dolor, sea cual sea, y venga de donde venga, tiene una razón de ser, un motivo. ¿Nadie se pregunta por qué duele? ¿Ninguna persona se cuestiona si puede ser perjudicial eliminar el dolor sin conocer los motivos que lo provocan? Desde luego, según los anuncios, el dolor siempre hay que evitarlo y erradicarlo de nuestro ser, independientemente del origen y sus consecuencias. Y esto me parece, cuanto menos, peligroso.
El dolor es una señal de alarma del organismo. Nos indica algo: algo se ha roto, algo necesita ayuda. Es importante conocer el origen del dolor antes de eliminarlo, porque si no eliminamos primero la causa del dolor, podemos correr el riesgo de tener lesiones más graves. Un ejemplo sencillo: me duele la espalda. Si me tomo un analgésico y ya está, no sabré si lo que me causa el dolor puede modificarse o no. No digo que no sea adecuado aliviar el dolor, sino que conozcamos primero la causa. ¿Me duele la espalda por una posición inadecuada? ¿Me duele porque me he dado un golpe? ¿Me duele por una contractura? ¿Me duele porque tengo una compresión de las raíces nerviosas? ¿Me duele porque es la forma en que mi cuerpo expresa su cansancio y su malestar emocional? ¿Me duele porque tengo una deformidad en la columna que hace que mis músculos trabajen de forma incorrecta? Y después de esto, ¿hay alguna forma de aliviar el dolor que no sea un medicamento? Si me tomo el analgésico sin más, y resulta que tengo una contractura o una compresión de las raíces nerviosas, la causa mecánica del dolor persistirá, y cuando se me pase el efecto, volverá el dolor. Pero, además, como el dolor me hace tener cuidado de no forzar mi espalda y protegerla de más lesiones, no lo haré, y los movimientos podrán terminar de lesionar los músculos, tendones, ligamentos o raíces nerviosas, transformando un simple dolor de espalda en una lesión crónica. Y eso, sin sumarle los posibles efectos adversos que tienen todos los fármacos, incluidos los tan recurridos y aparentemente inocuos, analgésicos.
Todo eso mientras veo un anauncio, jeje. Lo que da de sí una mente inquieta, eh?
Entonces, llega el parto. Sin duda, un proceso fisiológico donde el dolor aparece no como señal de alarma, sino como guía para facilitar el parto. En otro momento reflexionaré sobre si debería o no debería doler el parto, ya que es un proceso fisiológico. El caso es, que la mayoría de las mujeres de nuestro entorno, tienen dolor en el parto. Un dolor más o menos intenso, pero dolor.
Lo que me sorprende es que muchas mujeres, la mayoría, no se preguntan por qué duele el parto. No se cuestionan si eliminar el dolor puede tener efectos adversos. Ni siquiera piensan que los fármacos que se utilizan para el dolor, tienen efectos secundarios.
Sólo quieren quitar el dolor.
El dolor en el parto es una herramienta muy poderosa. Es la guía del movimiento, la que indica al cuerpo cómo moverse y cómo facilitar el paso del bebé por el canal del parto. El dolor es lo que hace que las mujeres paran; a pesar de las horas, del cansancio y de la desesperación, el dolor es lo que suministra a la mujer la fuerza y la necesidad de parir. 
También es lo que ayuda a la mujer a desconectar del mundo, a meterse en sí misma y dejarse llevar por la energía ancestral del parto y el nacimiento. En este caótico sistema, en este nuestro mundo social y cultural lleno de miedos y control, para poder descontrolarse y dejarse llevar, las mujeres han recurrido al dolor como forma de estímulo; un estímulo muy poderoso, lo suficientemente fuerte, como para superar el ambiente extraño, el sentirse observada, el frío, que rodea habitualmente un parto. 
Cuanto peor es el ambiente, cuanto menos calor, más ruido, más luces y más miedo, más dolor. 
Así, el dolor es a la vez nuestro miedo y nuestra salvación. 
Prepararse para el parto, es prepararse para vivir el dolor de la forma más eficiente. Para aprender a dejarnos llevar, a sentirlo y no batallarlo. Para comprender su función y su ayuda. Y para aprender de qué forma se puede llevar mejor.
El dolor estará, pero la forma en que lo percibas, es sólo tuya. 
Dolor no es sufrimiento, pero puede llegar a serlo si no puedes manejarlo.
Eliminar el dolor así, sin más, no ayuda a parir. Y tiene consecuencias.
Las mujeres paren cada día. Y pueden. Sin analgesia y sin ayuda. Porque estamos hechas para parir.
Pero si decides usar analgesia en tu parto, al menos no lo hagas de forma inconsciente. No necesitas analgesia; si la usas, es porque quieres. Y eso está igual de bien que decidir no usarla. 
Estar informada, de los efectos adversos, de las repercusiones sobre el parto, de cómo afecta al bebé, es lo que debes tener muy claro. Una vez que lo tengas claro, entonces, lo que decidas, bien decidido estará.
Y lanzo esta pregunta: ¿si no estuviera la epidural, qué pasaría?
 
Fuente: Centrohebame.blogspot.com
 
 

lunes, 14 de enero de 2013

Una mujer evita ser intervenida dando a luz en su casa a un niño de casi 5 kg

raquel lópez A este ritmo llegará un momento en que el cuerpo de la mujer haya olvidado por completo que durante siglos fue capaz de dar a luz de forma natural. Bien porque su centro hospitalario opte -a veces en demasiados casos- por intervenir mediante cesárea; bien porque el parto es provocado con medicación y anestesia que hacen que la intervención no fluya igual, el caso es que las mujeres ya no paren como antes. Por eso ya hay ginecólogos y matronas que crean asociaciones y foros donde ofrecen información y atención para invertir esta tendencia. Las madres que prueban a serlo como antaño también se han sumado a esta causa. Dunia es una de ellas.
Con 36 años, esta española residente en l'Alfàs del Pi dio a luz hace un mes en su casa, de pie, y asistida por una matrona, a su hijo Ian, un bebé macrosómico (de gran tamaño) que pesó 4,9 kilos. El parto fue, según madre y matrona, muy bueno. Tanto que Dunia no solo volvería a hacerlo sino que quiere que su ejemplo sirva para otras mujeres.
Dunia, completamente recuperada del parto, con su marido y su hijo, de apenas un mes.
Era su segundo parto. En el primero, provocado y en hospital, lo pasó mal. Esta vez se informó mejor y se topó con mucha documentación sobre partos naturales, así como con informes de la Organización Mundial de la Salud (OMS) que alertan de todos los graves riesgos que tienen las cesáreas tanto para el niño como para la madre. En esas circunstancias, estaba cuando la citaron en el hospital de La Vila Joiosa a monitores, en la semana 36, momento en que arranca la cuenta atrás de las semanas previas al parto. Viendo que el niño llegaba grande le indicaron que lo mejor era que regresara a los cuatro días para una inducción al parto, pese a que no padecía ninguna patología.
Pero Dunia no regresó. Pidió segundas opiniones y en base a estas decidió esperar a que el momento llegara solo, y no tuviera que realizar una cesárea. "Algo que cada vez se hace más pese a los riesgos que conlleva para madre e hija, como alerta también la OMS".
Al mes notó los síntomas, llamó a su matrona y, tras una noche de contracciones en casa "en la postura y con la luz que me relajaba más", nació Ian con ella de pie, agarrada a la barra de la ducha. "Nació cuando debía, antes hubiera salido grande, pero inmaduro", afirma. Reconoce que sin epidural hay más dolor, pero también que se pasa mejor durante el tiempo de las contracciones.
Gema Méndez, la matrona que la atendió, explica esta cuestión. "Mucha gente confunde el parto natural con vaginal y no es lo mismo. En el hospital se suele poner a la mujer la oxitocina, la hormona que provoca el parto, pero no es la propia de la mujer, sino una oxitocina estándar que a veces genera demasiadas contracciones o a un ritmo que no es adecuado ni para la madre ni para el bebé". En cuanto a la falta de anestesia epidural, Méndez defiende que evita que la mujer sienta y viva el proceso del nacimiento del hijo de forma más consciente, y recuerda que se empezó a poner desde el momento en que se empezó a dar a luz en hospitales en donde obligan a la mujer a parir en una postura poco natural, como es estar tumbada boca arriba.
Méndez, sin embargo, no reniega de los hospitales, en donde ha de hacerse el seguimiento del embarazo. "Si en algún momento hubiera visto que el parto fuera a dar problemas la hubiera trasladado al hospital". Dice que tal circunstancia no es frecuente. Y es que el parto de Dunia no es el único que ha realizado en el último año en la provincia de Alicante. Ella y otros ginecólogos y matrona atienden a mujeres que quieran dar a luz de forma natural en la Comunidad Valenciana, atendiendo entre uno y dos casos al mes. "Asistimos partos en casa o bien estamos con ellos durante todo el proceso de dilatación en su casa, y cuando ya vemos que va a llegar, vamos al hospital para evitar la cesárea u intervenciones".
El coste de este servicio oscila entre los 1.800 y los 2.500 euros, y atienden a la mujer desde la semana 36 hasta la 42, estando de guardia y controlando toda la evolución, además de dar pautas de cara a la recuperación postparto. En otros países europeos la opción de dar a luz asistido en casa por una matrona está cubierto por la Seguridad Social. En sus servicios preparan también a la mujer trabajando "el miedo, mostrando cómo enfrentarse al parto fisiológico, haciendo que las mujeres entiendan que el cuerpo va a funcionar, más de lo que ellas piensan. Tienen que sentirse seguras para no bloquearse, lo que ocurre con frecuencia, sobre todo cuando les provocan el parto".

Dos datos: El primero es que según los últimos informes hechos públicos por la Conselleria de Sanidad sobre estudios del seguimiento del embarazo, de la mitad de los partos asistidos en hospitales de la Comunidad, un 55,8%, no fueron "normales" en 2011, frente a un 44,2% que si lo fueron.
El segundo: Un estudio de la Universidad de Alicante que compara el índice de mortalidad perinatal entre partos asistidos en casa o en centros sanitarios de 1995 a 2009 refleja que el porcentaje apenas difiere entre ambos casos. En ese tiempo hubo 23 muertes del feto o recién nacido (hasta las primeras 24 horas de vida) sobre un total de 14.614 partos únicos asistidos en domicilio particular (1,57 muertes cada mil partos). El número en centros fue de 7.548 sobre un total de 4.716.956 partos (1,60 muertes cada mil partos).

jueves, 27 de diciembre de 2012

La episiotomia.

La episiotomía

Hoy encontré esta entrada en el blog del Centro Hebamme y no puedo resistirme a compartirla con vosotr@s y darle difusión. Es que habla tan clarito de lo que es una episiotomía y de su uso indiscriminado y de los miedos que hay detrás... aquí os la dejo. Lo moradito y en cursiva es mío.




martes, 27 de noviembre de 2012
La episiotomía


Según la Real Academia de la Lengua Española, mutilación es la acción y efecto de mutilar. Mutilar, a su vez, según la misma institución académica, proviene del latín (mutilāre), y significa cortar o cercenar una parte del cuerpo, y más particularmente del cuerpo viviente. Esto, como ven, no es un invento mío: es una definición.

Siguiendo con las definiciones, episiotomía proviene del griego (ίσιον, pubis, y -tomía) y es una incisión quirúrgica en la vulva que se practica en ciertos partos para facilitar la salida del feto y evitar desgarros en el periné. Esta última parte la rebatiremos con evidencia científica más adelante.

Así que, independientemente de la causa, de la justificación, de la necesidad de hacerla o no, la episiotomía es una mutilación. ¿Y por qué digo esto, sabiendo que me meto en las fauces de los lobos? Porque lo que quiero es que los profesionales que tenemos a veces la imperiosa necesidad de hacerla, para evitar un mal mayor, no se nos olvide que es una mujer la que está ahí, la que se va a quedar con ella, la que sufrirá las consecuencias (que gustosamente ofrecerá si sabe que es por salvar la vida de su bebé), pero que por eso no va dejar de ser una mutilación, no va dejar de doler, no va a dejar de tener secuelas, aún siendo totalmente necesario.

Hace tiempo que tengo esta entrada en modo borrador. Hace tiempo que me debato internamente entre llamar a las cosas por su nombre, cosa que hago a veces demasiado, pero que al fin y al cabo es lo que creo más correcto, y ser diplomática y no remover aguas turbulentas. Pues que se remuevan las aguas.

Este verano, en Granada, estuvimos hablando África Caño (una magnífica ginecóloga, que también las hay) y yo sobre esto. No estaba ella de acuerdo conmigo en el término mutilación, por la implicación de la palabra socialmente relacionando la mutilación genital femenina que se practica en otras culturas.

Es verdad que no se puede comparar una episiotomía con una mutilación genital practicada por unas culturas que desprecian a las mujeres, desde la ignorancia y la mala fe (dañar por dañar). Aunque, aquí difiero, no creo que nos diferenciemos tanto. En esas culturas en las que decimos que se mutila a las mujeres no dañan por dañar sino que desde sus conocimientos y cultura también creen que es lo mejor para ellas. También hay falta de desconocimiento y de cultura científica. No son peores que nosotros, lo siento.
Y no se puede comparar porque no quiero ni puedo pensar, que nadie en el mundo sanitario haya practicado nunca una episiotomía con mala fe; por ignorancia sí, muchas veces (ignorancia de la evidencia científica); por miedo, porque creyó que era lo mejor para el bebé y la mujer (aunque se equivocara de lado a lado). Esos pudieron estar "justificados" hace un tiempo; ahora no.

Que ahora un profesional siga practicando episiotomías de rutina es comparable a una mutilación, porque ya no se puede un profesional amparar en que no tiene acceso a la información (que es aplastante desde hace años); porque un profesional no puede seguir diciendo "que le enseñaron así". Porque un profesional tiene la obligación de actualizarse, de modificar conductas si se demuestra que hay otra forma de hacerlo, y porque un profesional tiene la obligación legal de pedir permiso para actuar y hacerlo siempre buscando no hacer daño.

África y yo no llegamos a un acuerdo. Yo sigo diciendo que la episiotomía, asépticamente hablando, como ya hemos visto en la definición, es una mutilación. Como lo es una amputación o una incisión quirúrgica.

Cuando existe la necesidad imperiosa de hacer una episiotomía (un bebé pasando serios apuros para resistir una contracción más, un parto instrumental con fórceps, o una vulva con grandes cicatrices resultado de una mutilación genital o quemaduras graves), se hace. Pero se hace a conciencia, sabiendo el dolor que produce (y producirá después), sin perder nunca de la mente que la mujer que está delante de nosotros se llevará una cicatriz a su vida, para siempre. Y se hace explicando por qué es necesario, y previa autorización.

La evidencia dice que la episiotomía no previene los desgarros graves; es más, los desgarros graves son más frecuentes con episiotomía previa. Así que, dejad la bola de cristal para los expertos. "Se va a ir", "mejor un picotazo que un desgarro", "este periné no da de sí"... todo esto sobra. Y lo dice la evidencia científica y la física. Si tenemos una superficie circular, la presión ejercida en los puntos de la circunferencia se reparte de forma equitativa; si cortamos la circunferencia, la presión ejercida en el punto del corte es infinitamente mayor que en el resto, por lo que toda la fuerza se verá concentrada en una zona puntual. Por eso tampoco hay que poner los deditos en el clítoris ni en ninguna parte que redistribuya las fuerzas y las concentre en lugar de repartirlas. Como ejemplo: si pretendemos romper un trapo, la presión que ejercemos con las manos para desgarrarlo es mucho mayor que si le cortamos un poquito (un piquito) y tiramos por ese punto.

Los desgarros espontáneos en la vulva, suelen ser centrales, pues el centro tendinoso del periné está más reforzado, menos sensible y menos vascularizado. Van a ser con mucha frecuencia, de poca profundidad y van a cicatrizar con menores secuelas. El cuerpo femenino está bien pensado para parir y no dejar muchas secuelas, aunque muchos aún no se lo crean.

Para evitar los desgarros, lo importante es que la piel y las mucosas estén en buen estado (el masaje perineal se hace antes del parto, en el embarazo, y no durante el parto), que el suelo pélvico esté con buen tono (prevenir empieza por conocer), que la mujer pueda parir en postura libre (nunca en litotomía), que la cabeza descienda a su ritmo y sin forzar (las prisas para el autobús), que se aplique calor local con paños húmedos cuando esté coronando la cabecita del bebé (si la mujer quiere y le alivia), y que las manos de la matrona estén donde deben estar: lejos del periné o simplemente sosteniendo, no presionando.

Para prevenir la episiotomía, sólo hace falta tener las tijeras fuera del alcance y no tener intención de hacerla a menos que exista una causa de fuerza mayor, pero muy mayor.

Yo he hecho una episiotomía en 5 años. Seguramente tengo suerte con los perinés (como me dicen algunas) y me tocan todas las mujeres con periné de marca. En todo este tiempo, no he tenido ningún desgarro de tercer y cuarto grado. Sí he tenido que suturar desgarros, y otros no.

Como fisioterapeuta especializada en suelo pélvico, he tratado unas cuantas mujeres con lesiones perineales. No muchas, porque pocas llegan a tratarse. Pero todas ellas por lesiones perineales con episiotomía. Ninguna por secuelas de desgarros espontáneos (que no digo que no haya, digo que a mi consulta no han venido). Con algunas de estas mujeres, aún sigo llorando cuando salen de la consulta. Lloro por el dolor que tienen, por el tiempo que han pasado sufriendo (y el que les queda), por los meses y años que sus parejas están pacientemente esperando poder volver a tener relaciones sexuales con ellas.

Estoy harta de escuchar excusas absurdas. Me impacta que aún muchos crean que no es para tanto. Las cifras cantan. Se hacen muchas episiotomías innecesarias. Se hacen muchas episitomías porque no se tiene paciencia, porque se tiene miedo. Lo que tienen que hacer estas personas, es tratarse ellas, aprender a relajarse y a esperar, a hacer las cosas con conciencia y con templanza. Recuerdo una vez que una compañera me dijo que me admiraba por la paciencia que tenía (fue un parto que estuvo la cabeza coronando un buen rato) y que ella se ponía muy nerviosa y hubiera cortado antes. ¿Y te das cuenta de que el problema lo tienes tú y no esa pobre mujer?, le contesté.
Pues eso.


Fuente. doulaporinternet.


martes, 11 de diciembre de 2012

Cápsulas de Placenta, ¿Cómo se encapsula una placenta?

 
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Autora:  Diana Vegas. Vínculo original de publicación: http://www.placentera.com/por-queacute-encapsular-la-placenta/cmo-se-encapsula-una-placenta 

Elaborar cápsulas de placenta implica enjuagar, laminar y deshidratar la placenta a bajas temperaturas, moler las láminas secas hasta obtener un polvo fino con el que se rellenan las cápsulas blandas. Las cápsulas de placenta se conservan refrigeradas y son un aliado muy útil en la transición de la gestación a la maternidad.

El racional de por qué comer la placenta tras un parto se sustenta en que hacerlo reincorpora a la madre lo que la placenta tomó de ella durante los 9 meses para formar a su bebé. Ese ‘tomar’ de la placenta es tan poderoso que es la razón por la que a las mujeres se les hace tomar suplementos vitamínicos y minerales durante todo el embarazo. Consumir la placenta tras el nacimiento es una forma de reintroducir al organismo de manera que la transición a la maternidad sea progresiva.

Sólo hay un momento para recolectar la propia placenta y es el momento justo del parto, bien sea parto vaginal o cesárea la placenta puede utilizarse. Más aun no existe otro producto que permita aliviar los principales problemas del postparto y en esto se destaca la placenta: los beneficios registrados de consumir la placenta son:

  • Ayuda al útero a contraerse a su tamaño original. 
  • Restaura la energía tras el esfuerzo del parto.
  • Aporta hierro, minerales y vitaminas. 
  • Balancea los niveles hormonales. 
  • Reduce la loquia o sangrado post parto.
  • Aumenta la cantidad de leche y mejora la calidad de la misma. 
  • Asistir en la transición hacia la menopausia (tintura de placenta).

Algunas Investigaciones

En humanos el consumo de placenta ha aumentado la cantidad y calidad de la leche también se ha comprobado la presencia de hormonas reductoras de estrés en la placenta. En animales ha reducido la recepción de mensajes de dolor en el cerebro (acción analgésica) y demostrado la presencia de células reparadoras en extracto de placenta humana; la prueba fue en realizada en ratas.

¿Cómo preparar el espacio? ¿qué medidas sanitarias debo tomar en cuenta?

Las preparaciones con placenta, por tratarse de sangre y tejido se llevan a cabo bajo estrictos protocolos de esterilización de instrumentos para impedir la contaminación cruzada (en mi caso me certifique según los protocolos del departamento de salud y seguridad ocupacional de los estados unidos OSHA).

Aun si vas a preparar las capsulas para ti misma en tu propia casa es sensato esterilizar las superficies e instrumentos que vayas a utilizar antes y después de la preparación. Para esterilizar las superficies e instrumentos puedes usar un disolución de cloro al 10% (1 parte de cloro por 10 de agua) o bien utilizar algún germicida, bactericida de amplio espectro y no tóxico como Gerdex. Es importante que dejes el cloro o el gerdex en contacto con las superficies e instrumentos al menos 5 min antes y después de utilizarlas.

¿Cómo preparar las cápsulas?

Existen dos métodos para preparar cápsulas de placenta: el método tradicional Chino y el método crudo o raw.

1) El método tradicional Chino. Cocina la placenta al vapor cuidando que el agua hirviendo no entre en contacto con la placenta. Al agua se le añade jengibre, limón y ají todos considerados alimentos 'calientes'. Luego que la placenta pierde los jugos (que al pincharla no salga sangre, 15 min aprox) se rebana en láminas delgadas y se deshidrata a bajas temperaturas*si no tienes deshidratadora puedes usar un horno convencional en la temperatura más baja posible y dejando la puerta del horno entreabierta (puedes sostenerla abierta con una cuchara de palo o madera)

2) El método crudo. Utiliza la placenta fresca. Ésta se corta en láminas delgadas y se deshidrata también a bajas temperaturas. 
  

El método tradicional chino se basa en la teoría que el trabajo de parto y el nacimiento deja espacios abiertos en la madre que son considerados Yin o fríos. La placenta es considerada fría, pero al cocinarse al vapor con ciertas especies el resultante es un tónico caliente que introduce Yan y por ello es considerado una buena forma de sanar tras el parto. 
 

El método crudo se basa en la premisa que el calor destruye enzimas, hormonas y quiebra proteínas, por eso toda preparación se restringe a temperaturas menores a 48ºC.

Independientemente si optas por el método chino o crudo luego de deshidratar, las láminas ya secas se muelen (en un molinillo de café o en un mortero o en su defecto en licuadora o procesador de alimentos, eso si que esté todo bien seco para que el polvo no se humedezca. Con el polvo que resulta (ojo dejar asentar el polvo luego de moler y usar mascarilla protectora) se rellena las cápsulas (vegetarianas o de gelatina).
 Las cápsulas vacías puedes conseguirlas en tiendas naturistas o en el departamento de farmacia de alguna universidad local. Y aunque es cómodo usar una maquinita para encapsular, también puede realizarse a mano.

Por lo general una placenta arroja entre 170 y 230 cápsulas tamaño '0'. La madre puede consumirlas todas en las primeras semanas postparto, puede conservar algunas para otras etapas de transición, como volver al trabajo o puede incluso conservar congeladas unas cuantas para la transición a la menopausia. Con el polvo ya deshidratado pueden realizarse muchas otras preparaciones, como cremas, aditivos para el shampoo (les suena placenta de oveja?), puedes usarse en caldos y sopas y muchas otras preparaciones, que descutiremos en una próxima entrada.

¿Dudas? puedes usar la sección de comentarios o escribirnos a transicionplacentera@gmail.com