domingo, 20 de diciembre de 2009

¿Qué es “parto natural”?

parto naturalLa expresión “parto natural” en muchos ámbitos se interpreta como una nostálgica vuelta al pasado: parir sin epidural, sin oxitocina, parir sin esto y sin lo otro. Allí donde la tasa de cesáreas es alta (España y Sudamérica, por ejemplo), hay quien utiliza ese término para referirse a un parto vaginal.

Pero parto natural no es simplemento un parto “sin”, sino aquel que se produce gracias a la maravilla de la fisiología, y en el que los procedimientos obstétricos se aplican únicamente en caso de necesidad. Es lo opuesto al parto medicalizado, atendido por la obstetricia convencional, en el cual la tecnología sustituye la fisiología de la mujer, desvirtuando la experiencia del nacimiento, y generando riesgos innecesarios para la madre y el bebé.

En el primer caso la técnica está al servicio de la naturaleza, en el segundo, la naturaleza es doblegada por la técnica.

Las tasas de cesáreas en los países y hospitales que respetan los procesos naturales no suelen superar el 10%. Cuando la asistencia es de corte intervencionista, la tasa de cesáreas siempre es superior.

No es posible asistir dignamente a una mujer parturienta sin comprender la verdadera naturaleza del parto: es un acontecimiento involuntario, tanto como el sueño o el orgasmo, aunque mucho más complejo.

Todos sabemos lo que ocurre cuando uno trata de controlar o dirigir mentalmente estos procesos: simplemente no ocurren. La sola pretensión de controlar un proceso involuntario lo inhibe, y eso es lo que sucede con el parto hospitalario. Ese es el motivo por el cual cuando la mujer llegar al hospital, la dilatación a menudo se estanca.

Cuando el parto se inhibe, se prepara el terreno para todo tipo de procedimientos que sustituyen la función de una naturaleza que en estas condiciones, obviamente, no puede funcionar: estimulación con oxitocina, episiotomía, anestesia, fórceps, cesáreas innecesarias … se sustituye un proceso natural sofisticado y sabio por un conjunto de técnicas encaminadas a resolver los problemas a menudo creados por ella misma.

Y también para someter un proceso con un ritmo propio al ritmo acelerado que establece el hospital. Dice Michel Odent que de las muchas preguntas que se hacen los estudiantes de obstetricia hay una que continúa ausente de los planes de estudios. Esa pregunta es:

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¿Cuáles son las condiciones idóneas para un parto fluido?

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* Intimidad, seguridad y apoyo emocional

Lo mejor que podemos hacer para favorecer un proceso involuntario es conocer y crear las condiciones idóneas para que se produzca solo. Puede resultar paradójico que la única forma de “humanizar” el parto sea recapitulando el hecho de que somos una especie “mamífera”.

El parto es un acontecimiento instintivo, llevado a cabo por nuestro cerebro mamífero, y en el que la participación de nuestra mente racional tiene un efecto contraproducente. Lo más que se puede hacer es rendirse a la experiencia y permitir que ocurra, para lo cual el ambiente en que transcurre y la calidad humana y actitudes de los asistentes es esencial.

Ese cerebro mamífero primitivo es también nuestro cerebro emocional (sistema límbico). Es una constante en todas las especies mamíferas que la parturienta necesita una atmósfera de intimidad y recogimiento, de seguridad física y emocional, que le permita entrar en el estado de consciencia especial propio del parto.

Cuando este estado de intimidad se impide, cuando una hembra mamífera se siente amenazada, o incluso indiscretamente observada, el parto se interrumpe: las hormonas del estrés inhiben las hormonas del parto. Esto pone de relevancia la enorme importancia del estado emocional de la madre y cómo influye en él el soporte emocional y el trato que recibe, así como las condiciones y el ambiente en que transcurre el parto.

La forma en que se trata a la mujer de parto puede condicionar totalmente su progreso. Por ello, las primeras recomendaciones de la OMS no se refieren a los aspectos técnicos, sino emocionales y psicológicos: Debe fomentarse una atención obstétrica crítica con la atención tecnológica al parto y respetuosa con los aspectos emocionales, psicológicos y sociales del parto.

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* Ambiente y entorno apropiado

El parto es dirigido por el cerebro mamífero (emocional), pero inhibido por el neocórtex (racional).

Decía Michel Odent que es suficiente preguntar a una mujer su número de la seguridad social para que el parto se interrumpa. Debe pues evitarse todo lo que active el pensamiento racional en la mujer de parto: hablarle sin necesidad, darle órdenes o interrumpirle en su “viaje interior”.

Tpartoambién interfieren las luces, los ruidos, el frío, la prohibición de comer, la incomodidad de tener que mantener una postura determinada o estar en un lugar poco apropiado, como es el paritorio. Las condiciones necesarias para un parto fluido no difieren mucho de las condiciones idóneas para dormirse: intimidad, penumbra, silencio… todo lo que permita a la mujer ensimismarse.

Dice Sheila Kitzinger que “el lugar ideal para dar a luz es el mismo que para hacer el amor”.

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* Libertad de expresión

La represión de la expresión de dolor durante el parto tiene la consecuencia de reprimir la evolución del parto mismo.

Beatrijs Smoulders, comadrona holandesa, afirma en su libro “Parto Seguro” (Editorial Médici), “Hace años, de una parturienta se esperaba que fuera fuerte y no dijera ni pío al dar a luz. En estos casos, el personal sanitario del hospital podía afirmar: “¡Qué bien lo hace la señora!”. Mientras que la comadrona de hoy en día más bien pensaría: “¡Suelte un berrido de una vez, señora, y así como mínimo pasará algo”.

Sumergirse y aceptar el dolor es condición necesaria para la producción de endorfinas, “opiáceos” internos que amortiguan y modifican la percepción del dolor.

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* Libertad de movimientos y postura para el expulsivo

La posición tumbada para dilatar (enganchada al gotero y al monitor) y el potro obstétrico para el expulsivo pasarán a la historia como uno de los mayores y persistentes errores de la obstetricia.

Numerosos estudios demuestran que la posición vertical favorece el parto y la horizontal lo entorpece. En horizontal, el canal del parto se alarga y estrecha y el coxis se dirige hacia lo alto, convirtiéndose en una vía de paso más angosta para el bebé, y además cuesta arriba.

En posición vertical la vagina se amplía y acorta, pero además la presión de la cabeza del bebé sobre el cuello del útero ejerce un efecto hormonal que estimula la producción interna de oxitocina, y por tanto la dilatación.

La posición vertical acorta y amplía el canal del parto, permite que las articulaciones de la cadera se abran más para dar paso al bebé, facilita sus movimientos de rotación y permite que la fuerza de la gravedad le ayude en su descenso.

Episiotomía y fórceps son procedimientos técnicos que sustituyen la fisiología de la mujer y la gravedad con evidentes y penosos efectos secundarios para la madre y el bebé.

La mujer debe tener la libertad de dilatar y parir en la postura que más le convenga: en cuclillas, sentada en el taburete obstétrico, a cuatro patas, de lado, colgada de alguien, de pié… El instinto indica en todo momento cuál es la postura idónea mediante un lenguaje infalible: la más cómoda es también la más fisiológica.

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* Asistencia profesional respetuosa

Siendo la fisiología del parto tan sensible al entorno, el papel del profesional asistente es estar disponible en un discreto segundo plano, sin interferir, confiando en los recursos de la mujer para dar a luz, y aplicar los procedimientos obstétricos únicamente si hacen falta. El protagonismo del parto corresponde a la mujer.

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* Procedimientos naturales de abordar el dolor

La producción de endorfinas se favorece cuidando al máximo las condiciones en que transcurre el parto y evitando todo lo que pueda producir estrés.

Actualmente la tendencia es a recurrir a formas inocuas y agradables de amortiguar el dolor: cambiar de postura, baño de agua caliente, masaje en la zona lumbar, masaje de pies, sentarse en pelota de goma …

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* Intimidad y tiempo para recibir y acoger al bebé

primeros momentos Laura IIEl momento del nacimiento es un momento especial, mágico, en el que el estado hormonal propio del parto natural crea las condiciones para que produzca el vínculo madre-hijo, un vínculo que tiene consecuencias duraderas sobre esa relación, sobre la confianza de la mujer en su capacidad para amar y criar a su hijo, sobre el desarrollo emocional del bebé.

El vínculo que el bebé crea con su madre es el troquel, la base de su capacidad para crear vínculos posteriores. Por ello el nacimiento medicalizado tiene consecuencias no sólo físicas, sino psicológicas y sociales. Madres y bebés deben estar juntos tras el nacimiento, y en todo momento, y no se justifica que un recién nacido sano sea apartado de su madre.

Incluso los prematuros progresan mejor con el “método canguro” que con la incubadora, o al menos con un sistema mixto.

La OMS recomienda iniciar la lactancia antes de abandonar la sala de partos.

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* Cordón umbilical

El respeto por la fisiología del parto implica reconocer la función del cordón umbilical, que continúa latiendo y suministrando sangre oxigenada al bebé durante varios minutos tras el nacimiento.

La naturaleza no hace nada que no sea necesario, y esos minutos son el tiempo que el recién nacido necesita para comenzar a utilizar sus pulmones sin angustia ni riesgo de privación de oxígeno.

mano recién nacidoEl recién nacido tiene el derecho de disponer de esos minutos y de esa sangre, y con mayor motivo si ha tenido sufrimiento fetal, ya que al iniciar la respiración la sangre acude a los pulmones en detrimento del cerebro. Pinzar el cordón inmediatamente tras el nacimiento es una práctica que, a la luz de la evidencia científica, debería haber sido abandonada.

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Contrariamente a lo que se piensa, parto natural no es volver al pasado, sino recuperar la capacidad y la confianza en la propia naturaleza y rendirse ante ella. Tampoco es renunciar a la tecnología, sino adjudicarle el lugar que le corresponde: las complicaciones, los casos de riesgo. Y es que las prácticas de rutina en el paritorio no son buenas ni malas, son oportunas o inoportunas. Y cuando se imponen de forma sistemática e indiscriminada a mujeres que no las necesitan son inoportunas.

La evidencia científica demuestra que el parto natural no sólo es más digno para la mujer, es también el más seguro. Por ese motivo, la Organización Mundial de la Salud recomienda una calidad de atención basada en el protagonismo de la mujer y en su fisiología, y el mínimo grado de medicalización posible.

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Isabel F. del Castillo

Autora de “La Revolución del Nacimiento”. Ed. Granica 2006

miércoles, 16 de diciembre de 2009

lunes, 14 de diciembre de 2009

Diez pilares de un puerperio feliz.

Las madres recientes sufren un profundo cambio íntimo. Tanto sus hormonas como sus sentimientos están en efervescencia. La oxitocina, la hormona del amor, corre por sus venas. Están felices pero a la vez abrumadas por el cansancio y las dudas. Sienten una melancolía que puede desembocar en una depresión.
Durante el puerperio, según explica Laura Gutman, las mujeres se encuentran con su propia sombra, con recuerdos y miedos no completamente asumidos. Todo eso remueve por dentro el corazón. Y además muchos veces nos empeñamos en hacerlo todo solas y el mantener la casa en orden se convierte en una pesadilla. Las mamás recientes a veces no tienen tiempo ni de ducharse, asi que ¿quien va a andar planchando? Tampoco es el momento de cumplir como anfitrionas. No hay que “cumplir”. Todo eso hace que el desembarco en la nueva maternidad sea abrumador, más de lo que por si mismo ya es.
Para disfrutar de un puerperio feliz es necesario retornar a las cosas sencillas y al encuentro con una misma. Cosas tan sencillas que no siempre nos damos cuenta de lo importantes que son. Cuidarse a una misma y dejar que te cuiden, porque tu tienes que cuidar a tu bebé.
He aqui algunas cosas que es preciso tener presentes. Yo los llamo los diez pilares para un puerperio feliz:

Entrégate al vínculo. Disfruta del enamoramiento de tu bebe, de esa locura de amor. No temas la sensación de no ser tu misma. Al fin y al cabo, no solo ha nacido un bebé, también ha nacido una madre.

Confía en ti. Vas a amar mucho a tu hijo y vas a ser una buena madre. Confia en tu cuerpo, está preparado para dar alimento y cobijo al bebé. Puedes cuidarlo y hacerlo feliz, el te necesita y vas a hacerlo bien.

Recuerda que antes que nada estáis vosotros dos. Di no a las visitas que no desees, con dulzura pero con seguridad. Necesitáis intimidad y descanso. Si la casa esta desordenada no es ahora lo más importante del mundo.

Pide ayuda antes de estar superada. Expresa tus preocupaciones y tus necesidades. Si no puedes con la casa, no te martirices. Recuerda que antes las mujeres puérperas recibían cuidados de otras mujeres experimentadas y colaboración en las tareas. Lo más importante es que descanses y cuides del bebé. Si tienes otros hijos busca ayuda para poder hacerlo.

Descansa siempre que puedas. Acuéstate cuando el bebe duerma. Colecha o duerme al lado del bebé, así ni se despertará tanto ni te desvelaras cuando pida el pecho.

Da el pecho. Recuerda que tu leche alimenta, que no hay leches aguadas. Destierra ese y otros mitos sobre la lactancia. Infórmate con expertos de verdad, que apoyen la lactancia materna y sepan sobre ella. Acude a un grupo de apoyo si tienes alguna duda o preocupación. La lactancia te va a ayudar tanto emocional como corporalmente a conseguir el equilibrio.

Busca el soporte emocional de otras madres experimentadas y sensibles. Investiga si hay un grupo de apoyo a la crianza en tu zona. Plantéate si una doula puede hacerte falta y no descartes la idea por novedosa. Si te sientes sola o aislada, seguro que otras madres pueden ayudarte.

Conéctate a tu bebé, aprendiendo a entender sus mensajes. Los bebés si llevan “manual de instrucciones”, ellos mismos. Si aceptamos la idea de que el niño es capaz de identificar lo que necesita y pedirlo, es mucho más sencillo. Los demás mamíferos tienen solo su instinto y se comunican con sus crías. Confiando en el nuestro podemos hacerlo. Hay que dejar salir el instinto y racionalizar menos.

Olvídate del reloj. Tu ritmo es el del bebé. La lactancia no tiene horarios. No cuentes las tomas, deja que el bebé viva pegado a tu cuerpo. Esconde el reloj. No va ser para siempre. Pero sí en estos primeros días. Concédetelo. Vale la pena. Inviertes en felicidad, y eso vale más que nada, así que si puedes, contrata ayuda.

Haz lo que tu sientas, no lo que te digan. Es el momento de hacerte mas libre. La opinión de los demás no tiene que ser tu guía. Concédete hacer las cosas como te hagan más feliz, no como “hay que hacerlo”. Tira las ideas preconcebidas a la basura, y déjate fluir. Puedes coger al bebé en brazos todo lo que te apetezca, así que adelante, reinventa todo y cría a tu pequeño como te salga del corazón.

Hay más cosas que una puérpera debe cuidar. Su cuerpo se encuentra en un momento de recuperación que será especialmente duro si ha habido cesarea. Las hormonas y los cambios físicos no pueden desdeñarse. El comienzo de la lactancia no siempre es sencillo. La higiene íntima y la alimentación son importantes puntos que atender.

fuente: www.tuencuentroconlamaternidad.blogspot.com

martes, 1 de diciembre de 2009

“Después de la cesárea: curando la herida emocional”

Se estima que aproximadamente una de cada cinco o de cada cuatro mujeres españolas dan a luz por cesárea. En la mayoría de los casos la intervención se decide de manera urgente por problemas en el parto.

Esto conlleva que se puedan dar situaciones de verdadero estrés o incluso miedo por la vida de la madre o del niño. Por eso la recuperación es lenta y no sólo depende de los aspectos físicos.También hay que cuidar el lado psicológico.

Algunas madres aceptan bien la intervención y se recuperan sin problemas. Pero para otras mujeres el impacto puede llegar a ser muy fuerte, aunque raramente lo llegan a hablar porque se sienten culpables de no estar felices en el nacimiento de sus hijos.

Nunca imaginé que pudiera tener problemas para parir. Despues de 6 horas de parto dijeron que la vida del niño corría serio peligro. Pasé mucho miedo, incluso pensé que me iba a morir. Mi marido tuvo que esperar fuera. Nada más nacer se llevaron a mi hijo, apenas lo di unos segundos. Mientras me cosían me sentí tremendamente triste y sola, los profesionales apenas me dijeron unas palabras.

M.P.

Las circunstancias que rodean una cesárea pueden ser muy estresantes para la mujer y para su pareja. Toda situación de riesgo vital conlleva un estrés psicológico grave. A veces los profesionales de la salud no son conscientes del sufrimiento psicológico que estas situaciones pueden generar.

Muchas mujeres que han tenido una cesárea urgente cuentan cómo en las semanas o meses que han seguido al nacimiento han revivido los momentos del nacimiento en su cabeza como si de una película se tratara.

A menudo pueden experimentar además tristeza o rabia, pero puede ser que no exterioricen estos sentimientos ya que los que le rodean suponen que está feliz porque que ha sido madre. Empezar a exteriorizar estos sentimientos de tristeza es el primer paso hacia la recuperación. Por otra parte, si la mujer ya sabía que el niño iba a nacer por cesárea probablemente la intervención haya sido menos traumatizante.

Pensaba que sería el día más feliz de mi vida y fue uno de los peores. Cuando me llevaron a la habitación ni siquiera tenía ganas de ver a mi hija. Creo que soy una mala madre por no estar feliz a pesar de tener una niña preciosa.

M.C.

El tener que dar a luz por cesárea puede suponer una pérdida: el nacimiento soñado no ha sido como se pensaba. (esto también puede suceder cuando el parto, a pesar de ser vaginal, ha sido traumático).

Incluso cuando la cesárea ha permitido que el niño nazca sin problemas la madre puede estar triste por no haber tenido un parto natural. Esta tristeza no significa que no quiera al hijo cómo la que más.

Otro factor que puede incrementar la tristeza es la propia debilidad que la operación genera. Una cesárea es cirugía mayor abdominal y encima nada más salir de la anestesia hay que ocuparse de un recién nacido. Si encima se ha perdido mucha sangre en la intervención, y si en la clínica la madre no consigue descansar bien, la situación de agotamiento hace que todos los sentimientos de tristeza aumenten, pudiendo llegar a causar una clara depresión.

Me siento fracasada y frustrada por no haber parido. Por ridículo que parezca también pienso que he decepcionado a mi marido. Creo que la culpa fue mía por no haber hecho una buena preparación al parto.

El parto es mucho más que la llegada al mundo de un hijo. Es también un momento crucial en la vida de muchas mujeres. Desde que tenemos la primera regla se nos dice que así podremos tener hijos y el parirlos es algo innato en nosotras. El tener que parir por cesárea puede motivar que la mujer sienta que su cuerpo le ha fallado o incluso que es culpable de no haber cuidado bien al hijo que llevaba dentro.

Estos pensamientos pueden ser obsesivos: continuamente se le da vueltas al tema pensando qué se podía haber hecho para que las cosas fueran de otra forma. Una forma de aliviar estos sentimientos es hablar con los profesionales que atendieron el parto o incluso con otros médicos o matronas que pueden ayudar a entender mejor lo que sucedió.

Muchas veces el padre también se ha llevado un buen susto y puede estar preocupado por la recuperación de su mujer o por los futuros embarazos. O puede ser que no entienda la tristeza de su mujer si el niño está perfectamente. Compartir estos sentimientos en la intimidad permite aliviar los sentimientos de culpa y aceptar que ser padre o madre es en la realidad más complejo que en los sueños pero también mucho más enriquecedor.

Deseamos más hijos, pero yo me siento incapaz de volver a pasar por una experiencia así. Sólo de ver el hospital se me pone la carne de gallina. No sé si algún día superaré esta situación.

Hablar de todos los sentimientos que rodean una cesárea o un parto traumático facilita el ir curando la herida emocional.

Los motivos que generaron una primera cesárea no tienen porque repetirse. Con el tiempo, el apoyo de la pareja y con la información adecuada se puede poner la experiencia en perspectiva.

La lactancia y el ver crecer al hijo o hija son desde luego ayudas valiosísimas para superar el trauma. Aunque el siguiente embarazo puede estar marcado por el miedo a que se repita, el ir hablando del tema y el apoyo de la comadrona o el ginecólogo sirven para poder afrontar el nuevo nacimiento sin miedos. Si los profesionales no muestran este apoyo puede ser beneficioso el buscar una segunda opinión o incluso el cambio de equipo médico.

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Ayudan a superar la cesárea:

  • Descanso y tranquilidad. Cuando alguien está convaleciente de la operación no debería estar pendiente de recoger la casa para recibir a las visitas. Por eso puede ser aconsejable posponer las visitas hasta que el bebé ha cumplido un mes, por ejemplo, y dedicar todo el tiempo posible a descansar.
  • Hablar con los profesionales y preguntar todas las dudas concernientes a la operación. Incluso si la madre estuvo despierta durante la cesárea puede no recordar muchas de las cosas acontecidas. Si es difícil localizar al profesional que atendió el parto siempre se puede solicitar un informe detallado o una copia del historial médico.
  • Reconocer y aceptar los sentimientos de pérdida o de tristeza si están presentes. “Lo importante es que el niño está bien” es uno de los comentarios más repetidos tras una cesárea. Claro que sí, pero también es importante reconfortar a la madre y aceptar su frustración si ella la siente así.
  • Hablar con mujeres que han pasado por una experiencia similar produce un alivio importante. En internet existen foros para apoyar a mujeres que busquen apoyo para superar esta experiencia. http://www.elistas.net/lista/apoyocesáreas.
  • De cara a siguientes embarazos, saber que no tiene porque volver a suceder. Se estima que hasta un 80% de las mujeres que han tenido una cesárea pueden tener luego un parto vaginal. En Estados Unidos incluso hay mujeres que han parido después de dos o más cesáreas.

Los estudios demuestran que los centros donde más se respeta el parto natural tienen tasas más bajas de cesáreas sin que ello incremente los riesgos para la madre o el niño. Una buena información y preparación al parto son la mejor manera de evitar una cesárea innecesaria.

Si hay que volver a pasar por una cesárea se pueden pedir algunos cuidados que facilitan la recuperación física y psicológica. Solicitar que el padre esté en la intervención y pueda coger al bebé nada más nacer, que la madre esté informada en todo momento, o que se mantenga un clima de silencio durante la cesárea permite recuperar la sensación de respeto y cariño que debería rodear todo nacimiento.

Dra. Ibone Olza

www.holistika.net


domingo, 29 de noviembre de 2009

Una epidural llamada 'doula'



Voluntarias sin título sanitario apoyan a mujeres antes y después del parto

FANI LOSADA - Santiago
EL PAÍS - 27-11-2009

"A mí se me dio la vuelta todo. No fue malo, pero sí distinto de como me esperaba. Después tuve que buscarme, encontrarme y hacerme amiga de mí misma otra vez". Así recuerda Nuria Otero su primer embarazo, que despertó en ella el interés por la que ahora es su profesión. Nuria es una de las cuatro doulas que ejercen en Galicia, cuatro mujeres que acompañan a otras durante el embarazo, el parto y el puerperio dándoles consejo y, sobre todo, apoyo.

Cuando es necesario, también ayudan a afrontar sentimientos y sensaciones de las que se habla menos o que no están bien vistas socialmente, como la depresión posparto o la ansiedad que provocan los problemas de lactancia. Ante estas dificultades, la respuesta inmediata suele ser tapar los síntomas a golpe de pastillas y leche en polvo. Nuria se pone como ejemplo y confiesa lo importante que fue para ella saber que "no era ni una loca ni una marciana". "Lo que me pasaba y lo que sentía era normal", dice. En este sentido, la influencia de la doula se nota más a nivel psicológico y emocional. No son matronas, no ayudan físicamente durante el parto ni tienen formación médica, pero Nuria cree que una de sus principales funciones es proporcionar a la mujer toda la información que necesita y ayudarla a preparar un plan de parto. De ese modo, tanto la madre como el bebé pueden evitar procedimientos que, como la episiotomía -una incisión quirúrgica para facilitar la salida del feto-, son innecesarios en la mayoría de los casos, pero se aplican por sistema en España. "Lo último que necesitas cuando estás de parto es discutir con el médico", señala Nuria. Alba, una madre coruñesa, trabajó con Nuria cuando nació su hija Irene hace año y medio, en un parto que recuerda como "maravilloso y muy respetado". Su doula la ayudó a sentirse "amparada, sin tener que estar pendiente de lo que me hacían". Al comparar su experiencia con la de sus conocidas, considera que, a diferencia de ellas, el proceso estuvo en sus manos: "Cuando sale el tema enseguida reconocen 'a mí me hicieron esto' o 'a mí me hicieron esto otro'. Es un momento delicadísimo en el que permites cosas que luego hacen que te lleves las manos a la cabeza". Rosa Neira, que ahora trabaja en Santiago, acabó siendo doula después de resistirse a sus médicos. En su último mes de embarazo, se movió durante una prueba y provocó un fallo en el monitor. En el hospital querían practicarle una cesárea de inmediato y, por mucho que se explicase, la ignoraban. Al final se salió con la suya y tuvo a su hija en aguas valencianas, en el hospital Acuario. En 1994 empezó a formarse "oficialmente" en Barcelona: Cataluña es la comunidad autónoma en la que la figura de la doula está más arraigada. Y es que, aunque lo parezca, el término doula no es gallego, sino griego, y la ocupación a la que da nombre está extendida por toda Europa y Estados Unidos, en mayor o menor medida dependiendo del país. Pese al deseo de aumentar el número de profesionales, consolidar este tipo de redes de apoyo entre mujeres parece complicado a corto plazo, ya que en general la figura de la doula no está institucionalizada y no existe una formación que se pueda considerar oficial. Hoy por hoy hay oficialmente 65 doulas en España. Aunque, según Rosa, hay muchas personas que lo son sin saberlo, entre ellas las que colaboran con grupos de apoyo a la lactancia como Mámoa. Luzía Titán, doula en el área de Vigo y Pontevedra, coincide con ella y añade que la etiqueta de doula hace referencia a una faceta humana, no a una profesión. Asumir ese papel está "en nuestra naturaleza y en la naturaleza en general. En los partos de mamíferos es frecuente que haya una hembra al lado de la que pare", explica. Ella misma empezó a actuar como doula casi por casualidad, a petición de una chica a la que daba clases de yoga. Pasaría un tiempo hasta que descubrió que lo que hacía tenía un nombre. Tras ese primer parto, reconoce que al principio tenía que pedir a las embarazadas que le dejasen acompañarlas, pero garantiza que ahora tiene mucha demanda. Las mujeres que se acercan a ella lo hacen no tanto con dudas y temores, sino buscando "algo más", dice Luzía. Muchas recurren a ellas al quedarse embarazadas después de un mal primer parto, y Luzía cree que la mayoría "tendrían a su segundo hijo en casa si contasen con los medios, pero la Seguridad Social no está por la labor". Para ella, ser doula supone convertirse en "un pilar emocional que no se involucra emocionalmente" y cuya labor consiste en dar a las madres "lo que piden, no lo que creemos que necesitan". El 95% de las veces, asegura, lo que requieren es "sólo una mirada, no la epidural".


Por un parto feliz

Os enlazamos un artículo de Juan José Juanas, comadrona desde hace 26 años:
El placer de parir y el placer de nacer
esperamos que os guste...

miércoles, 25 de noviembre de 2009

La frustración innecesaria en la infancia.

Vivimos en una Sociedad, donde desde la más tierna infancia, se nos enseña a soportar la frustración.
Existe la creencia generalizada, de que si no hay frustración marcada por los adultos, los bebés y los niños-as, no logran tener ningún límite a su demanda (“perversos polimorfos”) y como consecuencia, devienen en sujetos anti-sociales y no adaptados.
Hemos aceptado, que la vida es dura y cruel. Y nuestros hijos deben prepararse para afrontarla cuanto antes. Es por ésto, que desde que son bebés, recibimos consejos permanentes sobre cómo evitar que nuestros hijos se malcrien: "No lo cojas en brazos" "No atiendas a su llanto, que primero te piden la mano y luego te toman el brazo". "No transijas, pues se subirán a las barbas". Tantos y tantos tópicos, con el único objetivo de que esos bebés, ávidos de contacto epidérmico, de mirada amorosa, de empatía profunda, vayan aprendiendo a través de la frialdad, a ser "Duros", que no fuertes.
Poco a poco, la sociedad nos transmite que debemos acorazarnos. Con una coraza rígida e insensible ante el dolor de los otros "porque la vida es así". Poco a poco, nos distanciamos de nuestro instinto protector, y de nuestro sentido común, para ser máquinas que responden al sistema, con sumisión. Aceptamos las normas, aunque sean irracionales, y formamos parte del engranaje.

¿Qué hemos olvidado? ¿Qué confundimos cuando hablamos de límites, educación, autoridad, frustración...?.
Olvidamos que ese bebé y ese niño, tiene una innata capacidad, para SENTIR mejor que nosotros-as cuáles son sus necesidades más imperiosas. Olvidamos que, siguiendo a manuales o recomendaciones que dinamitan el sentido común (el más escaso de los sentidos), violentamos el proceso natural de autonomía y auto-estima, que se forma tan sólo desde el respeto a sus necesidades básicas. Tan sólo una respuesta sensible y empática a sus necesidades primarias, garantiza un desarrollo psicoafectivo saludable.
JAMAS, debemos de frustrar las necesidades afectivas. ¿ A quién le ha hecho daño un abrazo, una mirada cálida o una presencia en los momentos de mayor necesidad? A quién le hace daño el amor?
Confundimos la frustración de necesidades culturales, con la frustración de las necesidades afectivas. La única frustración saludable, es la que frena el sinsentido del consumismo.
Consumismo de la Tv. no constructiva. De los dulces excesivos. Sabemos que comprar y comprar, tapona en pequeños y mayores, grandes lagunas y ausencias afectivas. Y la sociedad no limita, sino fomenta estas necesidades vacías.
Estas y no las otras, son las necesidades secundarias o culturales que debemos aprender con inteligencia y amor, a limitar.
Muchos pediatras, autores, vecinos, cuestionan la lactancia natural prolongada. Y la justifican desde psicologizaciones y teorizacíones, sin ningún fundamento. Sin ningún seguimiento práctico y directo de bebés, que de forma sólida, permita realizar dichas afirmaciones. Y en los casos que se acompañan de observación, lo observado responde generalmente a lo "normal" y estadístico para la sociedad actual , ignorando y desconociendo lo que pudiera ser "lo sano". Intentan imponer con sus criterios, lo que hace la mayoría, sin cuestionar, si esos criterios generan felicidad o infelicidad, salud o normalidad.
Frustrar la necesidad del pecho a demanda y la necesidad de la lactancia prolongada (en los casos que así se decida, o en su defecto un biberón dado con contacto y amor) , es negarnos una experiencia esencial en la vida:
Porque, conocer el placer y el amor, es la mejor prevención de trastornos psicosomáticos posteriores. Permitir que el bebé, explore cuáles son sus necesidades y que el medio se las posibilite, es lo que crea confianza y seguridad en la vida.
Es lo que posibilita el vínculo. El apego seguro
Los padres, y el profesorado están a veces muy desorientados con tanto bombardeo informativo y contradictorio
Es por ello muy importante, desarrollar la capacidad de empatizar con nuestros bebés ya desde el embarazo, para que el continuum de relación, ese " hilo mágico" como me gusta llamarlo y que algunos padres y madres percibimos desde el nacimiento hasta la autonomía de nuestros hijos, sea el mejor antídoto ante tantas influencias nefastas en el desarrollo saludable de la primera infancia.-

Ese "hilo mágico", se llama VINCULO, y su base es la confianza, la seguridad y sobre todo el AMOR, del bueno.