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martes, 8 de marzo de 2011

Una sociedad no amamantada: una sociedad no destetada


Por Ileana Medina Hernández

Imagen tomada de El País

La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición acaba de publicar losresultados de la Primera Encuesta Nacional de Ingesta Dietética Española, que ayer fue titular en casi todos los medios de prensa.

Sin embargo, hay un dato que no fue destacado en el informe, y por supuesto tampoco es rescatado por los medios, que se limitan básicamente a reproducir la nota de prensa de la Agencia: en el listado de ingesta de alimentos diarios EL PRIMER LUGAR LO OCUPA LA LECHE (no sé si incluyendo sus derivados).

Algunas noticias dicen esto:

"En el listado de ingesta de alimentos diarios figuran en el cuarto y quinto puesto las bebidas alcohólicas y las refrescantes, por detrás de leche, frutas y vegetales, lo que para la agencia supone otro dato que debe preocupar."

De lo que yo infiero que el primer lugar lo ocupa la leche de vaca.

¿Cómo se puede interpretar este dato?

La misma Agencia de Seguridad Alimentaria entre sus recomendaciones incluye disminuir la ingesta de carne, dado que consumimos un exceso de proteínas y grasas animales. ¿Y qué pasa con la leche de vaca y todos sus derivados? ¿No son también una fuente principal de proteína y grasa animal? Sin embargo, con respecto a la leche de vaca, en su listado de recomendaciones, la Agencia Estatal no dice ni mú.

Muchas veces lo más interesante de las noticias no es lo que cuentan, sino lo que callan.

Somos la única especie de seres vivos que se alimenta de leche de otras especies, y además lo hace hasta la edad adulta, hasta el fin de sus días.

A la vez que convierte en tabú la leche de su propia especie.

La lactancia materna y cuál debería ser su duración natural, ha sido muy poco estudiada. Los escasos estudios al respecto sugieren que debería ser en algún punto entre los 2,5 y los 7 años; que los hombres de Atapuerca eran amamantados hasta los cuatro años; o que es muy difícil que se produzca un destete verdaderamente espóntaneo antes de los cuatro años. Los dientes que se caen a los 7 años se llaman "dientes de leche".

Siguiendo las pistas científicas, podemos darnos cuenta de que nuestra sociedad, donde la duración media de la lactancia materna es de 3, 2 MESES*, NO HA SIDO AMAMANTADA. Es una "sociedad sin prolactina", que díría Michel Odent.

Como dice el dr. Pere Enguix: cuando un niño no ha recibido suficiente teta (entiéndase junto a teta, amor, sostén, mirada, placer, cuerpo, compañía, respeto...), se queda toda la vida enganchado de una teta.

Esa "teta simbólica" adictiva, insaciable y desesperada que no fue satisfecha en la infancia, puede tomar muchas formas (desde un trapito hasta las drogas, de fumar a ser adicto al trabajo, desde un osito de peluche hasta coches deportivos de último modelo, el ego, el poder o la fama) pero una de ellas es mucho más obvia: la leche de vaca. El sustituto de la leche materna por excelencia.

Que sea el PRODUCTO ALIMENTICIO MÁS CONSUMIDO, debe tener alguna razón. ¿Por qué dependemos tanto toda nuestra vida de la leche de vaca? ¿Por qué, aunque nos haga daño o seamos intolerantes, buscamos insistentemente otro "líquido blanco" con qué sustituirla? ¿Por qué no es, en todo caso, un alimento más, sino algo que todo el mundo considera que "debe ser consumido", sobre todo por los niños?

¿Existe algún otro ser vivo en el planeta que nazca con la "necesidad" de consumir leche de otra especie? ¿Por qué se sigue considerando la "leche de vaca" y los lácteos como la única o principal fuente de calcio? Si es cierto que los niños necesitan tomar leche hasta los 7 años, alguna leche, (en Cuba se le garantiza leche subvencionada a los niños hasta esa edad, por ejemplo), ¿lo lógico no sería que esa leche fuera la leche de su madre?

Tenemos una sociedad NO AMAMANTADA en su infancia; y como consecuencia, tenemos una SOCIEDAD NO DESTETADA. Una sociedad que NO SE DESTETA NUNCA, que sigue siempre adicta al "pecho materno" o lo que es peor, a la teta de la vaca, y a sus sustitutos tóxicos y dañinos, en todas sus formas.

Ese es el gran secreto de la lógica de las sociedades de dominación. Somos todos niños privados de teta, de afecto materno, de placer y satisfacción emocional en la infancia. Y por tanto, adultos permanentemente adictos y vacíos, que para ser felices, siempre necesitamos "más".

*Comité de Lactancia Materna de la Asociación Española de Pediatría. Informe técnico sobre la lactancia materna en España. An Esp Pediatr. 1999; 50: 333-340

sábado, 3 de abril de 2010

Leches Infantiles demasiado nutritivas

La leche infantil enriquecida puede aumentar el riesgo cardiovascular en la edad adulta, según un metaanálisis publicado por The Lancet.

La obsesión por la nutrición puede conducir al exceso. Esto, que nadie discutiría en determinados grupos sociales, parece ser que también se da con los bebés. La recomendación de «ganar peso» y acelerar el crecimiento de los prematuros podría tener riesgos cardiovasculares a largo plazo; las leches infantiles enriquecidas podrían ser «demasiado nutritivas». Así lo afirma una investigación británica, que propone una hipótesis unificada para el origen temprano del riesgo cardiovascular.

* Autor: Por MERCÉ FERNÀNDEZ
* Fecha de publicación: 1 de junio de 2004

Diversos estudios han sugerido hasta la fecha que existe una relación más o menos directa entre la alimentación que reciben los bebés a base de fórmulas sustitutivas de la leche materna y un mayor riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares. Frente a este riesgo, no pocos autores contraponen los efectos protectores de la leche materna. Ahora, dos investigadores del Instituto de Salud Infantil de Londres plantean una hipótesis nueva: la leche materna es más beneficiosa, pero el problema no está en que la leche sea de sustitución sino que a veces se emplean formulaciones demasiado ricas que aceleran el crecimiento del bebé. Y este crecimiento acelerado tiene consecuencias negativas a largo plazo.

El estudio, firmado por los investigadores Atul Singhail y Alan Lucas, se acaba de publicar en la revista médica The Lancet. En realidad son varios estudios, realizados en años anteriores y publicados entre 2001 y 2004, en los que se analiza la relación entre distintos tipos de alimentación de bebés, algunos de ellos prematuros, y diferentes parámetros indicadores de riesgo de enfermedad cardiovascular y trastornos asociados: alta presión sanguínea, resistencia a la insulina, concentración de leptina (hormona que puede ser un indicador de obesidad) y lipoproteínas en plasma.

Los resultados de todos esos estudios, comentados por los autores en la misma revista, sugieren que la aceleración del crecimiento infantil, «erróneamente llamada catch-up [de compensación], está asociada con la aparición posterior de resistencia a la insulina, obesidad y enfermedad cardiovascular». La hipótesis defendida por los autores «predice que una alta ingesta de nutrientes para promover el crecimiento podría programar de forma adversa la salud cardiovascular».
Mejor dietas relativamente pobres

Una alta ingesta de nutrientes para acelerar el crecimiento en los bebés podría programar negativamente la salud cardiovascular En el estudio sobre la resistencia a insulina, publicado en The Lancet en 2001, el equipo comparaba la evolución de dos grupos de adolescentes que nacieron prematuramente y que en la fase de «recuperación» fueron alimentados con fórmula estándar unos y con fórmula enriquecida los otros. Los resultados mostraban que una dieta «relativamente pobre» y un crecimiento más lento eran más beneficiosos frente al riesgo de sufrir diabetes que fórmulas muy enriquecidas y crecimientos acelerados.

En el último estudio se compara el perfil lipoproteico de diferentes grupos de recién nacidos que han seguido en dos ensayos desde 1982 (216 adolescentes de 16 años, de un grupo inicial de 926 prematuros). En el primer ensayo, se comparaba la evolución de los bebés alimentados con leche materna procedente de un banco de donantes y con fórmula infantil para prematuros; en el segundo, se comparaba entre fórmula infantil estándar y fórmula para prematuros.

El principal dato medido es el nivel de colesterol, a partir de la ratio de lipoproteínas de baja densidad (colesterol «malo») frente a las de alta densidad (LDL – HDL), así como la concentración de la denominada CRP, una proteína que está relacionada con la respuesta inflamatoria del proceso de ateroesclerosis. El principal resultado, explican los investigadores, es el hallazgo de que los adolescentes que tomaron leche materna de donante tienen un 14% menos de colesterol frente a los que tomaron fórmula para prematuros. Igualmente, y al poder medir «exactamente» la cantidad de leche materna de donante que toman los bebés, han podido establecer que a mayor ingesta de leche humana menos colesterol y menos CRP.

No obstante, el trabajo tiene algunas limitaciones, admiten los autores, como el no haber podido seguir a todos los niños que iniciaron el estudio y el hecho de no poder medir la alimentación posterior. Pero si la hipótesis que plantean fuera cierta, tendría implicaciones importantes en las actuales recomendaciones para la nutrición infantil.
Hipótesis del crecimiento acelerado

En realidad, la idea no es nueva y ya se había aventurado algo similar con animales. En la revista Trends in Ecology and Evolution, en mayo de 2001, los investigadores Metcalfe y Monaghan afirmaban que en diferentes organismos ya se había visto que el crecimiento compensatorio acelerado, que se da después de una época de déficit nutricional y poco crecimiento y que tiene unos efectos positivos inmediatos, «está también asociado a una variedad sorprendente de costes que a menudo no son evidentes hasta mucho tiempo después en la vida adulta».

Atul Singhail y Alan Lucas, por su parte, sugieren que esa hipótesis del crecimiento acelerado y sus costes podría explicar los orígenes tempranos del riesgo cardiovascular. «Aunque no abogamos por la restricción nutricional en la infancia, debería investigarse más en esta línea», afirman. Las recomendaciones de «crecimiento del bebé» por parte de las administraciones sanitarias -y en la práctica habitual – necesitan «un cuidadoso análisis de riesgos y beneficios», concluyen.
LECHE MATERNA, PROTECTORA FRENTE A LA OBESIDAD

En 1999 un amplio estudio realizado en Alemania revelaba el efecto protector de la leche materna frente a la obesidad. Dirigido por Rüdiger von Kries, pediatra de la Universidad Ludwig Maximilian, el trabajo mostraba una prevalencia de obesidad en niños que nunca habían sido amamantados del 4,5%, mientras que en niños que sí habían sido amamantados era de un 2.8%.

También se halló una relación dosis-respuesta entre el tiempo que tomaron pecho exclusivamente y la prevalencia de obesidad. Así, la prevalencia de obesidad era del 3,8% para los niños que tomaron pecho exclusivamente durante dos meses; del 2,3% para los que tomaron pecho por 3-5 meses; del 1,7%, para el grupo de 6-12 meses, y del 0,8% para aquellos que tomaron pecho más de 12 meses. La significación de trabajos como éste, que se hizo con más de 9.000 niños, han llevado a recomendar más fuertemente si cabe la leche materna desde organizaciones como la OMS.

El informe de expertos de la OMS y la FAO, «Dieta, Nutrición y prevención de enfermedades crónicas», realizado en 2003, apunta entre sus recomendaciones la alimentación con leche materna «exclusivamente». En el caso de usar leches de fórmula infantil, los expertos recomendaban evitar azúcares y almidones añadidos. Igualmente significativa de la tendencia a la sobrealimentación es la recomendación de «animar a las madres» a aceptar la habilidad natural del niño para regular el consumo energético y no obligarlo a comer «hasta que el plato esté vacío».

Fuente: http://www.consumaseguridad.com/sociedad-y-consumo/2004/06/01/12624.php

lunes, 26 de octubre de 2009

Su Majestad la Leche de Vaca


La leche es una secreción glandular presente en todos los mamíferos. En la naturaleza hay cerca de 5000 especies, y los humanos somos sólo una de ellas. La leche sirve para alimentar a la cría hasta que esté en condiciones de alimentarse con autonomía. Ninguna otra especie continúa con el consumo de leche después del período de lactancia. Cuando crecemos, los mamíferos perdemos las enzimas que permiten la digestión de la leche, porque sencillamente no las vamos a necesitar más. Sin embargo los seres humanos ignoramos esa ley natural.

Tengamos en cuenta que cada leche es específica, es decir, que tiene una fórmula especial para cada especie y varía considerablemente entre una y otra. Tanto la leche de vaca, como la de oveja, la de ballena, la de elefanta, la de morsa o la de perra son diferentes entre sí, y difieren obviamente de la humana. La leche de vaca sirve para criar terneros, un animal grande con cuatro estómagos que llegará a pesar 300 kilos. La leche humana en cambio privilegia el desarrollo de la inteligencia.

Es importante que sepamos que la “leche de fórmula” -como la llamamos hoy en día- es leche de vaca modificada para adaptarla a los requerimientos del bebé humano. Pero no es un invento químico, como muchas madres creemos.

¿Cuál es el efecto nocivo más fácil de detectar en el organismo humano? El moco. La principal responsable es la caseína, una proteína abundante en la leche de vaca. El moco es la reacción saludable del organismo contra una proteína que no puede incorporar. Por lo tanto, en la medida que incorporamos leche o lácteos, el organismo segrega moco. El resfrío común deriva en dolor de garganta, luego en rinitis, sinusitis, bronquitis, otitis, neumonía, y en todas las infecciones respiratorias con las que conviven los niños durante la infancia.

A pesar de esta abrumadora realidad, los adultos no podemos creer que la leche, la bendita y maravillosa leche, se nos vuelva en contra. Preferimos apegarnos a nuestras creencias en lugar de hacer caso a la sabiduría innata del organismo de nuestros hijos.

¡Todos nuestros niños están repletos de mocos y no estamos dispuestos a relacionarlo con la ingesta de leche! Parece que el miedo al cambio es más fuerte que el acceso a la verdad.

Laura Gutman