jueves, 20 de enero de 2011

De madre a doula: la emotiva historia de Eva Cenarriaga

“Tras un embarazo con miedo, un mal parto -deshumanizado y con malas prácticas-, tuve un postpato demoledor. Por suerte contaba con esta compañera doula que me ayudó mucho y poco a poco pude ir digiriendo todo lo que había ocurrido, lo asimilé, lo observé, lo comprendí, pasé el duelo y ahora ya puedo decir que he aprendido de ello y que era algo que tenía que ocurrirme para poder seguir mi camino”

“Me sirvió para decidir que jamás volvería a tener miedo, tomar las riendas de mi vida y ver claro hacía dónde debía dirigirme. Me propuse que toda mujer que me necesitara me tendría a su lado y que en la medida que me fuera posible sostendría a las futuras mamás para que no se sintieran solas”
Eva Cenarriaga

Aunque el término “doula” nace en la antigua Grecia para nombrar a mujeres con experiencia y conocimientos relacionados con la maternidad que acompañaban y ofrecían apoyo afectivo a las nuevas madres, es ahora en el siglo XXI cuando está resurgiendo con fuerza. Seguramente porque, a pesar del avance tecnológico, también hemos perdido sabiduría ancestral y conexión interna.

Eva Cenarriaga es una de estas mujeres que quieren ayudar a otras. Eva es profesora de yoga en Madrid, doula y madre y comparte con todos nosotros en la sección El Lector Alternativo Abre su Corazón los motivos por los que se convirtió en doula que están relacionados con las vivencias de sus dos partos, una negativa y desgarradora y otra enriquecedora y alquímica.

Muchas nos identificamos con algún aspecto de su relato y entenderemos el valioso papel de las doulas.

Hola a tod@s,

Os preguntaréis como llegué a ser doula, jamás habría pensado que algún día llegaría a serlo, pero la vida me puso un gran reto.

Me quedé embarazada de mi primera hija, Ainara, y una de mis compañeras y profesora era doula y daba clases a embarazadas. Así que decidí ir a sus clases.

Recuerdo mi primer embarazo con una gran sensación de miedo. Todo eran preguntas, sensaciones que no sabía explicar, era como si de repente hubiera entrado en un mundo desconocido. Por un lado seguía el camino marcado, en nuestra sociedad el embarazo es considerado como una enfermedad, así seguí todas las pruebas, chequeos, etc. Pero esto en vez de ayudarme, generaba en mí mayor angustia y soledad, ya que me encontré con un trato completamente frío y deshumanizado por parte del personal sanitario.

Quería expresar la grandiosidad que recorría mi cuerpo, llevaba una vida, sentía eso como un milagro, necesitaba mimos, que me escucharan, comprensión hacia lo que estaba viviendo y sintiendo, pero lo que me rodeaba era una sensación de indiferencia, o por lo menos así lo percibía.

Es curioso, el miedo me hizo no querer escuchar, recuerdo a mi compañera doula, nos contaba en clase de yoga los partos que acompañaba, como nos ofrecía otra visión. Me daba pánico todo, ahora soy consciente de ello.

Algo en mí me decía que había otros caminos, otras opciones más humanas, pero no tuve la fortaleza de actuar como mi instinto me dictaba, me dejé llevar, ya que todas las personas que me rodeaban se oponían o criticaban.

Llegó el gran día y fui al hospital, con la esperanza y la fe en que ellos eran los profesionales y me cuidarían. Acepté todos sus protocolos, enemas, vía, episiotomía, epidural, etc.

Tuve la mala fortuna de que coincidiera en mi parto el cambio de turno, por lo que la comadrona tenía prisa, y me practicaron una maniobra en el expulsivo prohibida por la OMS. Lo que sí recuerdo es a la matrona diciéndome, que no sabía empujar, que si quería que estuviéramos toda la noche empujando. Así me sacaron a mi hija y aquí comenzó mi sufrimiento.

Todo se complicó, cuando me subieron a planta y comenzaron los peores dolores que he sufrido en mi vida, volví e experimentar la deshumanización del personal sanitario, la única respuesta que encontré a mis súplicas en todas esas horas de dolor, fue la respuesta de una enfermera “vaya noche que me estáis dando las primerizas, pues claro que os tiene que doler, si todas habéis tenido al mismo carnicero”.

Mi calvario continuó hasta que por la mañana, después de perder el conocimiento y caer desmayada en el baño, un ginecólogo se dio cuenta que tenía hematomas y derrames internos, por lo que decidieron bajarme a quirófano, por lo que me explicó es una intervención que ellos consideraban habitual. Es práctica habitual en las maniobras que utilizan en los paritorios que se dejen o produzcan desgarros que conlleven hemorragias internas.

En quirófano, todo se complicó, llegando a peligrar mi vida. Pasé un día y medio sin saber nada y sin poder ver a mi hija.

Cuando subí a planta y pude abrazarla, fue lo mejor y lo más duro que he sentido en mi vida; no podía moverme, acercarme a mi hija sin ayuda, fue tremendo ver como mi pareja o mi madre cogían a mi hija, le cambiaban el pañal y yo no podía hacer nada.

Como podéis imaginar el postparto fue demoledor, me sentí tan incomprendida, sola, etc. Me costó mucho reaccionar.

Por suerte contaba con esta compañera doula que me ayudó mucho y poco a poco pude ir digiriendo todo lo que había ocurrido, lo asimilé, lo observé, lo comprendí, pasé el duelo y ahora ya puedo decir que he aprendido de ello y que era algo que tenía que ocurrirme para poder seguir mi camino.

Me sirvió para decidir que jamás volvería a tener miedo, tomar las riendas de mi vida y ver claro hacía dónde debía dirigirme. Me propuse que toda mujer que me necesitara me tendría a su lado y que en la medida que me fuera posible sostendría a las futuras mamas para que no se sintieran solas.

Después volví a quedarme embarazada; un embarazo pleno y consciente, un parto en casa que cicatrizó todas las heridas, la experiencia más maravillosa que jamás he vivido.

Acompañada durante el embarazo, parto y postparto por una matrona y una doula. Todavía hoy pasados los años, sigo sintiendo el mismo hormigueo y emoción al recodar mi segundo parto, ya que viví de la manera más humana, cálida y especial, el milagro del nacimiento.

Este parto marcó un antes y un después en mi vida, lo comparo como si por un instante hubiera alcanzado el nirvana, todavía hoy me faltan palabras para poder expresar todo lo que sentí.

Por todo esto comenzó mi andadura como doula.

Besos

Eva Cenarriaga
info@tudoula.es



1 comentario:

CONCHA dijo...

Desde mi alma de Doula, al leer este relato no he podido evitar sentir el dolor en mi propio ser. Me alegro porque pudiste sanar la herida, y me emociono por tu segundo parto.
Todavía son muchas las mujeres que no saben qué es una Doula, otras que aún sabiéndolo... creen que no las necesitan.
Todo está bien, cada cual sanará sus heridas desde la consciencia y su propia necesidad.
Al menos, tú has sido de las "afortunadas".
Con Amor.